Atención médica y daño desproporcionado

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Prácticamente todos los aspectos de la vida conllevan algún grado de riesgo; puede tener muchas ventajas, beneficios y oportunidades pero casi indefectiblemente aquello que fuere llevará asociado algún grado de riesgo. Por supuesto, eso no es una excepción en medicina y también sucede en la atención médica de las personas, y es a este asunto y concretamente en el aspecto relacionado con el concepto de daño desproporcionado a lo que vamos a referirnos en este artículo.

Antes de entrar a fondo en este asunto conviene mencionar dos aspectos preliminares: el riesgo aceptable y aceptado y la cobertura de responsabilidad médica. Pues son dos temas que no dan respuesta al concepto que aquí nos atañe pero que nos sitúan y dan respuesta a los aspectos que luego darán sentido a la respuesta sobre el concepto del daño desproporcionado.

daño aceptable, daño aceptado y daño desproporcionadoAsí, y empezando por tratar el aspecto del daño aceptable y aceptado decir que a lo que cabe referirse con ello es que si resulta obvio que cualquier acción médica que realicen sobre nosotros conlleva un grado de riesgo asociados que no se puede eliminar, y nosotros lo aceptamos sometiéndonos voluntariamente (o aún y cuando nos lleven a un centro médico por tener un accidente y quedar inconscientes) a ese acto médico, luego si se produce el daño en cuestión no corresponde reclamar por el mismo.

Por supuesto, destacar que por “aceptable” deba entenderse que ya está bien que se reciba un daño, no es que se pueda aceptar sino que se debe aceptar pues viene, en forma de riesgo, indefectible e indisociablemente a tal actuación. En este orden de cosas es que tiene y adquiere pleno sentido que cuando se va a realizar un acto médico que puede conllevar algún riesgo hagan firmar un documento de conocimiento del riesgo que se asume y de la exención de responsabilidad si este se produce.

Luego, en otro orden de cosas se podría hablar del segundo aspecto. Este no es otro que la existencia de coberturas en modo de seguros que tienen los médicos para protegerse de los daños que con su actividad profesional puedan producir.

Pero atención, pues los dos aspectos anteriores no deben llevar a engaño: existe daño cubierto y existe, por supuesto, una asunción de daño que se puede recibir y que se asume por la propia naturaleza del acto, pero nada de ello significa que cuando una persona se somete a un determinado acto médico exista “carta blanca” para que se pueda sufrir cualquier tipo de daño durante ese acto médico y ese no tenga responsabilidad.

Al respecto de lo anterior, existe un concepto interesante de mencionar que no debe menospreciarse, estamos hablando del concepto del daño desproporcionado”. Y, ¿qué es, a qué se refiere y qué alcanza el concepto del daño desproporcionado?

El concepto del daño desproporcionado, tal y como establece reiteradamente el TS en sus pronunciamientos en forma se sentencias al respecto, es aquel daño que se recibe de forma desproporcionada en relación al daño que se puede considerar normal y previsible para el acto médico en cuestión que se realiza.

Dicho de otro modo lo anterior, si una persona (para poner simplemente un ejemplo) acude al médico para que le hagan una pequeña incisión en el pie para quitarle por ejemplo un pequeño quiste de grasa que tenga y éste se le infecta y le provoca un determinado nivel de daño en el pie que luego requiera asistencia se puede considerar normal, al uso, incluso previsible. Ahora bien, si esta misma persona acude a realizarse esa pequeña intervención y cuando sale del hospital sale ciego (por una causa que no resulte sobrevenida mientras se está practicando la leve intervención) se puede decir que existe el daño desproporcionado.

Además, y para finalizar, cabe añadir que ya no solo el concepto de daño desproporcionado puede aplicar y aplica al galeno que presta por sí mismo el servicio, el acto médico, sino que en algunos casos puede llegar a alcanzar el prestatario del servicio por una deficiente atención en su seno (eso es a los responsables del centro médico en cuestión). Claro caso de esto último es cuando una persona acude a urgencias, le atienden y un mal servicio concluye con un daño mucho mayor, desproporcionado, al daño por el que entró a pedir atención.