“Caso Asunta”: del homicidio al asesinato

0
1164

El caso de la menor de 12 años, de origen chino y adoptada por sus padres adoptivos cuando tenía menos de un año y que fue encontrada muerta en una pista forestal coruñesa presuntamente asesinada por sus mismos padres adoptivos ha saltado a la palestra en estos últimos meses y se ha convertido en un caso mediático que despierta el interés, la ira y el dolor de toda la sociedad. Pero más allá de todo ello, el conocido como “Caso Asunta” nos deja muchos detalles para el análisis jurídico, uno de los que más pueden desconcertar a la sociedad es la distinción entre homicidio y asesinato.

Distintas formas de matar

Sin duda uno de los temas que genera entre la sociedad este lamentable caso tan de actualidad y en boga mediática, es el de la distinción que hace la justicia entre el presunto “homicidio” de la niña y su presunto “asesinato”.

Para el común de personas que lean este artículo matar a una persona es eso y punto, no hay más que hablar; esa persona está muerta y quien la ha matado la ha “asesinado” o bien se dice que la ha “matado”, dando a entender a todos los efectos del uso común social del término, que la ha “asesinado”; pero jurídicamente no es así. Y no es así pues la acción de matar (entendida como aquella acción general de “quitar la vida” según establece la misma RAE en su definición del término “matar”) es la de matar a alguien, “a secas”, es terminar con la vida de un ser vivo, pero sus consecuencias jurídicas no son las mismas dependiendo de lo que “matemos” o de cómo le “matemos”.

Dicho de otro moto lo anterior, matar mataremos a un ser vivo con el mero acto de quitarle la vida orgánica que tiene, pero no está tipificado igual matar por ejemplo a un ser vivo como una planta, que matar a una persona; del mismo modo, y centrándonos en el supuesto de la muerte de personas y concretamente en el caso que aquí nos ocupa de esa menor (“Caso Asunta”), no es lo mismo simplemente darle muerte, que darle muerte haciéndolo de determinadas formas.

Y es en este “haciendo”, en la forma de ejecutar la acción de “matar”, donde se encuentra la distinción entre homicidio y asesinato. Veamos a continuación las consideraciones que se dan para que una misma acción de matar sea catalogada como homicidio o asesinato.

Jurídicamente establecido

Hablar en estos términos tan técnicos de la muerte de una persona, y especialmente hacerlo de un caso tan sensible y doloroso como este, y además con el nivel mediático y de rabia social que ha adquirido el tema, puede parecer cruel y duro, puede parecer deshumanizar un drama humano y llenarlo de tecnicismos, pero si queremos conocer las consecuencias jurídicas de ello, debemos hacerlo así y limitarnos a analizar esta cuestión desde la esfera técnico-penal sin deber entrar en un debate moral sobre si está bien o no que exista está distensión, ni otras consideraciones.

Enfocado de otra forma lo que se dice en el párrafo anterior, podremos considerar humanamente a los presuntos autores de la muerte de la menor de “asesinos”, en lugar de “homicidas” y podremos celebrar que se haya elevado jurídicamente la calificación del caso del homicidio inicial a la calificación posterior de asesinato, pero ello no nos debe llevar a jurídicamente no diferenciar los hechos , y ni mucho menos nos debe llevar a no comprender, porque jurídicamente ante casos como éste existen diferentes figuras delictivas.

Como se decía en párrafos anteriores la auténtica diferencia entre la calificación de “homicidio” y la de “asesinato” se encuentra en la forma en cómo se ejecuta la acción genérica de quitar la vida de una persona, cómo se ejecuta la acción de matar. Y para comprender dicha diferenciación nos hemos de dirigir nuevamente a la RAE, y en esta ocasión pararnos a ver cómo califica la misma RAE la definición de “asesinar”. Así la misma RAE establece como definición de “asesinar” como la acción de “matar a alguien con premeditación, alevosía, etc.”.

Fijémonos bien en la definición anterior, pues en ella se encuentra la clave: la misma ya no habla de asesinar como la acción meramente de matar, de quitar la vida, sino que habla de asesinar como aquella acción de quitar la vida alguien, pero haciéndolo con premeditación, alevosía y otras formas, podríamos decir dolosas de causar la muerte a una persona.

Todo ello, más allá del diccionario y trasladado al ámbito del Derecho toma cuerpo en el vigente Código Penal. Código Penal que establece a categorización de reo de homicidio para aquel que “matare a otro” (art.138 CP) y que quien lo haga “será castigado, como reo de homicidio, con la pena de prisión de diez a quince años”, a no ser que se trate de homicidio imprudente siendo entonces la pena inferior. Y Código Penal que establece el asesinato como una forma de homicidio (no olvidemos que todo está categorizado dentro del mismo apartado del CP denominado del “homicidio y sus formas”), definiendo como asesinato aquel que “matare a otro concurriendo alguna de las circunstancias siguientes…” (Art. 139) y entonces determina como esas circunstancias la alevosía o el ensañamiento, entre otras consideraciones.

Así, finalmente y resumiendo, podemos interpretar de todo lo anterior que la acción de matar es una, pero su consideración penal posterior será diferente. Considerando la acción de matar como un homicidio, pero tratando a esta acción de matar en un grado u otro según la forma en la que se produzca, siendo entonces fácilmente definible la acción de asesinar como un grado superior de la acción de matar o lo que se puede definir como su equivalente: cometer un homicidio. Por ello las penas de asesinato son superiores a las del homicidio, y las mismas conllevan penas generales de 15 a 20 años de prisión, con supuestos de penas de hasta 25 años entre otras consideraciones y preceptos que puedan corresponder.

Queda esperar a la resolución final del “Caso Asunta”.