¿Castigar o reinsertar?

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Cuando alguien es condenado por una causa penal, ¿cuál debe de ser el objetivo? ¿Castigarle y que “pague” el daño que ha hecho a la sociedad? ¿Simplemente castigarle? O bien, ¿simplemente perseguir su reinserción? Sin duda, esta disyuntiva entre las penas como algo punitivo o como algo pensado con carácter de reinsertar en la sociedad al sujeto condenado no es nuevo, y es muy cambiante según los momentos históricos que se viven y los lugares del planeta de los que hablemos.

Nuestra realidad

De entrada, deberemos entender que la mera palabra condena, castigo u otras parecidas que se puedan utilizar, ya conllevan por sí mismas una carga negativa para quien la recibe, es decir, una persona que es castigada, condenada a una pena determinada, ya queda claro que persigue castigar, causar un perjuicio, un daño en quien lo recibe para que el mismo “pague”, en las formas que la ley establece, el daño que ha causado a la sociedad con sus actos.Prisión permanente revisable

Visto lo anterior, vemos que el problema entonces no es de si una pena penal es una pena que persiga castigar o no, pues resulta obvio que sí, el debate entonces está en el límite de dichos castigos y en si estos además deben ir acompañadas de medidas para reinsertar en la sociedad al reo o no, y en caso afirmativo el alcance de estas.

Si nos centramos en el modelo español, y en el de la mayoría de países europeos vemos que aplica este doble modelo de castigar y de reinsertar, de dar por un lado el palo y por el otro la zanahoria, dicho coloquialmente el de por un lado hacer pagar a quien lo ha hecho mal lo que ha hecho mal y por la otra decirle que se ha equivocado pero que no se preocupe que el sistema es humano y le ayudará a reinsertarse, a mejorar, a ser mejor persona, a que no vuelva a suceder y pueda tener una vida normal cuando haya cumplido su pena, pero la pregunta es, ¿merece esta persona esas oportunidades? ¿No debería pagar su pena y punto? O por el contrario, ¿esta persona es una pobre víctima enferma que merece compasión y toda reinserción es poca? No corresponde a quien este artículo firma dar su opinión personal, sirvan las preguntas para el debate y la opinión de las lectoras y lectores.

Cómo se decía, el modelo español es un modelo híbrido como el de muchos países, pero sí que se debe mencionar que (aunque en realidad no funcione ni mucho menos como debería) el modelo está pensado para reinsertar al reo, para volverle a incorporar después de que haya causado daño, de darle una segunda oportunidad, etc. Nuevamente las dudas se despiertan y las preguntas se amontonan, ¿debemos sufragar entre todos la reinserción? ¿Todos los delincuentes merecen la reinserción? ¿Todos son capaces de reinsertarse?

El límite de las penas

Sea como fuere lo anterior, lo que resulta claro es que más allá de la voluntad de reinsertar al reo, el mismo recibe una pena por su delito que persigue que cumpla (cómo mínimo de cara a la ley, otra cosa es ante la sociedad real, el mismo, etc.) por lo que ha hecho, si ello es así ¿dónde deben aplicar los límites de estas penas? Nuevamente nos encontramos con distintas realidades según el momento histórico del que hablemos y según de que jurisdicciones hablemos.

Nuevamente si nos centramos en nuestro entorno nos encontramos con unas penas que se podrían considerar laxas, pues las mismas incorporan unos límites de años (la “perpetua revisable” puede cambiar el escenario en este punto) máximos de estancia en la cárcel por delitos cometidos y, sobre todo, incorporan la limitación de que las penas en ningún caso puedan resultar humillantes o degradantes ni incorporar castigos físicos o psíquicos para el delincuente. Como bien es sabido en muchos otros países no es así.

En muchos otros países no es así, y no estamos hablando de países donde impera la barbarie y se producen ejecuciones como en la Edad Media, sin garantías y de forma atroz. Estamos hablando de países perfectamente homologables al nuestro y nada sospechosos de no ser democracias consolidadas y avanzadas, como por ejemplo los USA, donde en muchos estados aplica la pena de muerte y no sucede nada.

¿Cuál es entonces el modelo bueno? ¿El que pretende reinsertar y castigar a la vez o simplemente el que persigue el castigo para quien ha castigado injustamente con el dolor las vidas de otros? Será nuevamente a juicio de la persona lectora a quien corresponda dar respuesta a estas cuestiones.

A modo introductorio de las respuestas que pueden aparecer un debate de este tipo por ejemplo de podría decir que en realidad no existe modelo bueno ni malo, sino que lo que diferencia a ambos modelos es en donde cada uno de ellos focaliza el mayor peso del mismo, es decir, probablemente existe un tipo de pensamiento que ante ponga lo que se considera “humano” ante todo, mientras existe otra línea no menos humana que interpreta que quien ha cometido un delito lo suficientemente grave como para merecer pagarla con su vida debe hacerlo del mismo modo que el ejecutado quitó la vida de a quienes fuera que quitó con sus actos.

Así, que a priori no se puede decir que en realidad exista un modelo bueno y otro malo, uno humano y otro inhumano, son dos formas de entender la vida y el mundo, son dos formas de interpretar las cosas que en nada tienen que ver con el bien y con el mal. Además hemos de tener presente que muchos de estos países que incorporan medidas coercitivas que incluso permiten el castigo físico como puede ser en último extremo la pena capital no tiene como se decía que resultar indefectiblemente menos democráticos (ver artículo “De lo legal y de lo legítimo, sensibles diferencias“). No todos los modelos de sociedad son iguales, ni lo que resulta bueno a nuestros ojos tenga que serlo a ojos de todos los demás. Por supuesto, sin que ello signifique como se mencionaba matar porque si, ni castigar por cualquier delito, eso son atrocidades de otros sistemas, pero eso sería otro tema.

Prisión permanente revisable

Para finalizar este artículo, mencionaremos este asunto, del que tanto se habla últimamente.

La reforma del Código Penal ha abierto el debate social en torno al concepto de la prisión permanente revisable, una especie de cadena perpetua pero revisable tras el cumplimiento de 25 a 35 años. Esta pena se aplicará en casos excepcionalmente graves y en su caso, los jueces examinarán si se debe mantener la prisión o no cada dos años de oficio o a petición del recluso.

Esta figura es considerada como inconstitucional tanto por el Consejo de la Abogacía Española, puesto que  vulnera diversos artículos de la Constitución Española al no fijarse un límite de cumplimiento de la pena de prisión impuesta, como por el Consejo General del Poder Judicial.

Muchas voces en nuestra sociedad están luchando por hacer ver a los gobernantes que esta prisión permanente revisable acaba de un plumazo con los valores de reinserción y reeducación del reo, puesto que este debe volver a ser juzgado para determinar si finalmente queda en libertad o no y además, la falta de estímulos puede provocar que el mismo no tenga ninguna motivación para desarrollarse tanto de forma personal como profesional pues su futuro no le otorga garantía alguna. En este caso, sí que estaríamos hablando de penas contrarias por completo a la reinserción social.