Circulación y drogas

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Más allá de las consecuencias penales y de otro tipo que pueda tener el conducir o las consecuencias de conducir (matar a alguien, dejar heridos, etc.) bajo el efecto de las comúnmente denominadas drogas, existe una exhaustiva reglamentación sobre ello en el Real Decreto 1428/2003, de 21 de noviembre, por el que se aprueba el Reglamento General de Circulación para la aplicación y desarrollo del texto articulado de la Ley sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial, aprobado por el Real Decreto Legislativo 339/1990, de 2 de marzo, que conviene conocer.

Lo que dice la normativa

Según lo que establece el artículo 27.1 del mencionado precepto y en lo relacionado con las normas sobre estupefacientes, psicotrópicos, estimulantes y otras sustancias análogas:

“No podrán circular por las vías objeto de la legislación sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial los conductores de vehículos o bicicletas que hayan ingerido o incorporado a su organismo psicotrópicos, estimulantes u otras sustancias análogas, entre las que se incluirán, en cualquier caso, los medicamentos u otras sustancias bajo cuyo efecto se altere el estado físico o mental apropiado para circular sin peligro”.

Conducción y drogasEs en este artículo donde se encuentra toda la fuerza que la ley quiere inferir a este aspecto, en el mismo se detalla toda la definición y es muy importante por ejemplo detenernos un momento en la mención expresa que el mismo hace a la palabra “incorporado”, además de la del término “ingerido”. Este añadido dota de robustez a un artículo que impide evitar eludir a quien pudiese intentar decir que él o ella no había “ingerido” ninguna droga, pues la ley reconoce que no sólo la droga “ingerida” será motivo que nos impedirá conducir, sino que cualquier droga, o elemento susceptible de ser considerado prohibido de los mencionados para la conducción a los efectos de la ley, que incorporemos a nuestro organismo (pinchemos, esnifemos, diluyamos, etc.) causará los mismos efectos de incapacitación para la conducción mientras persistan los efectos de la sustancia que impiden una circulación sin peligro.

Las pruebas de detección

Uno de los aspectos principales de la conducción bajo los efectos de sustancias estupefacientes, psicotrópicos, estimulantes y otras sustancias análogas es la detección de las mismas mediante pruebas para ello que los agentes de la autoridad, es decir, que la policía nos puedan requerir practicar.

Cabe decir un punto importante en este aspecto, es que con las pruebas de este tipo de sustancias se difiere un poco con las pruebas de alcoholemia. Pues en este caso como hemos visto en la mención que se hacía en el artículo 27.1, el mismo no indica que cantidad de sustancias deberá existir en el organismo para que se incapacite la conducción, simplemente menciona (por la imposibilidad de cuantificar en muchos casos) que no se podrá conducir siempre que con “cuyo efecto (de las sustancias) se altere el estado físico o mental para circular sin peligro”. Con el alcohol esto no sucede, con el alcohol existe una cifra concreta y determinada que si traspasamos incurriremos en ilegalidad si conducimos bajo la misma.

Lo anterior es interesante de reseñarlo pues si bien no suele existir gran controversia al respecto, pues acostumbra a ser bastante visible y reconocible que una persona conduce bajo los efectos de sustancias como las mencionadas, el no siempre poderlo cuantificar puede suponer tanto por una parte una fuerza de la ley para quien la aplica que puede interpretar que cualquier persona que conduzca bajo esas sustancias, sin importar su grado de afectación, incurre en acto ilícito, hasta por el contrario permitir (como casos se han dado) ganar la causa o un recurso (y ganarlo) por alegar que si bien es cierto que se estaba conduciendo bajo el efecto de dichas sustancias, las mismas no estaban alterando en ningún caso el estado físico o mental de forma suficiente para impedir una conducción sin peligro. Y todo ello alegando por ejemplo que una u otra constitución corporal hace que sea “más resistente” a esos efectos y probarlo y corroborarlo demostrando que en ningún momento se pudo demostrar que se pusiese en riesgo la circulación, que no se realizó ninguna imprudencia o acción extraña durante la conducción. Obviamente estos son los supuestos menos habituales, pero existir existen.