Cómo actuar ante quien perjudica nuestra imagen en la red

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Alguien perjudica nuestra imagen en la red

¿Hemos detectado que alguien nos está haciendo la vida imposible en Internet a través de publicaciones que perjudican nuestra imagen y no sabemos cómo debemos actuar? Veamos en las siguientes líneas algunos ejemplos prácticos del modo que resulta ideal proceder.

Nuestra imagen en la RedDesde la práctica y la ley

Este artículo concretamente lo vamos a focalizar desde el modo práctico en cómo podemos intentar evitar que aquella persona o personas que nos están perjudicando en la red dejen de hacerlo, que paguen por ello y nos resarzan de los daños que puedan causarnos. Se podría enfocar este artículo desde la óptica meramente legal, desde establecer, marcar y destacar lo que dice la ley al respecto y en los ilícitos que puede incurrir quien perjudique nuestra imagen en Internet, pero si a ello no le damos una aplicación práctica, si ello no sabemos cómo plasmarlo en el día a día, puede resultar algo estéril para la persona lectora, así que en este artículo concreto vamos a marcar el paso a paso, y dejemos en todo caso para otros artículos a desarrollar, el despliegue mismo de aquello que dice la ley, por qué lo dice y el cómo lo dice.

La primera recomendación a mencionar siempre será por supuesto la de decir que todos los pasos y acciones que demos deben encontrarse dentro de la ley, debemos actuar siempre desde un respeto escrupuloso a la ley y no debemos actuar ni hacer nada ilícito aunque nos saque de nuestras casillas los comentarios dañinos de la parte contraria.

Paso a paso

Una vez detectado que existe contenido en Internet que puede poner en entredicho nuestra imagen, que puede perjudicarla o que simplemente no tiene autorización para encontrarse publicada en ese lugar dado que nosotros no se lo hemos permitido (siempre y cuando tengamos por supuesto los derechos legales y legítimos para ello) lo más importante es ver la cantidad y alcance de dicha información.

Dicho de otro modo lo anterior, primero deberíamos hacer una especie de análisis, un control, una auditoría (en realidad esto lo deberíamos hacer siempre, incluso aunque no supiésemos de la existencia de contenido dañino nuestro o ilícito que nos afecte, con el fin de detectarlo y ponerle remedio, pero ese sería otro tema) para ver, como se decía, el volumen del material, la tipología del mismo y los lugares en los que se encuentra.

Dicho de forma muy generalista podría decirse que siempre será mejor llegar a una “entente cordiale”, a un acuerdo o pacto que no litigar ni pelear para evitar que ese contenido sea retirado, pues tanto la dificultad como el coste de hacerlo siempre será mucho mayor si debemos mantener un contencioso con la otra parte que si la misma se aviene a retirarlo. Además, a priori, por lo general siempre deberemos presuponer que podría darse el caso de que en realidad no exista voluntad real de causarnos daño, de que haya sido un error o de que simplemente la otra parte no tenga mala fe y haya puesto material ilícito sin en realidad saberlo.

Obviamente que no exista mala fe o intención de hacernos daño no significa que debamos “tragar” y dejar hacer, ni ser sumisos o permisivos, al contrario, deberemos exigir que se respeten y preserven nuestros derechos e intereses, pero obviamente también nuestro rango de acción deberá ser distinto.

Por supuesto, toda esta estrategia de pacto, de acuerdo y de avisos previos no deberá darse en los casos donde resulte clara y notoria la voluntad de quien lo ha publicado de dañarnos y perjudicarnos, pues en esos casos resulta obvio que no hay nada que hablar. Dicho de otro modo, una cosa es que hayamos escrito un libro y alguien en un trabajo escolar suyo que haya publicado haya plagiando unos párrafos de nuestro libro y otra cosa muy distinta es que en un blog se nos insulte, difame o acuse de mil y una cosas.

Para los supuestos en los que pueda existir una reconducción de la situación lo ideal será siempre ponerse primero en contacto con quien ha creado el material si es posible para que lo retire, y si ello no nos resulta posible indagar el titular del servidor donde se encuentra alojado ese contenido y solicitarle que retire dicho contenido.

Si nos damos con el primero de los supuestos el camino ideal es primero enviarle un email amistoso diciendo que hemos detectado el contenido que lesiona nuestros derechos y que le emplazamos a retirarlo, advirtiéndole de las consecuencias de no hacerlo y de las acciones que podremos emprender. Si no hay respuesta, lo ideal será enviarle un Burofax si podemos detectar quien ha publicado ese contenido y siempre que resulte accesible para nosotros. Y cabe decir lo de accesible pues en ocasiones puede que quien lo ha publicado no se encuentre en nuestro país o lo que fuere y el coste y la oportunidad de hacerlo no nos resulte tan conveniente.

Para los supuestos en los que la contraparte no se avenga a negociar o ni tan solo nos dé respuesta el camino a seguir evidentemente el litigioso de no conseguir que el servidor/es donde -dicho contenido- se encuentra alojado retire dicho contenido. También resultará necesario acudir a este camino contencioso cuando no solo se trate de retirar el contenido sino también de que nos resarzan por los daños causados (y la otra parte no quiera, no se avenga a hacerlo directamente).

Por supuesto cabe decir que en los casos de extrema gravedad, donde las lesiones que nos cause dicho contenido sean muy elevadas o donde existan otros factores que hagan la situación muy grave deberemos abstenernos de intentar contactar con nadie ni pactar nada. No deberemos perder tiempo y lo que deberemos hacer es acudir a la comisaría de policía más cercana, o al juzgado más próximo, para poner en conocimiento de las autoridades la situación que se está produciendo y a la que debe ponerse freno judicialmente a la mayor celeridad posible.