Cómo cambiar el titular de una vivienda

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La titularidad de una vivienda no es inmutable y la misma puede ser modificada en muchas ocasiones. No estamos hablando de los supuestos obvios donde se produce una compraventa de la vivienda y se realiza una modificación de la titularidad, también estamos hablando de aquellos supuestos en los que una herencia o un divorcio, entre muchos otros, invitan a tener que cambiar la titularidad de un inmueble.

En este artículo veremos algunos aspectos relacionados sobre el modo de cambiar el titular de una vivienda y algunas de las implicaciones de todo ello.

Tal y como se decía, no existe un único supuesto en el que una vivienda tenga que cambiar de titularidad, existe una gran variedad de supuestos en los que una casa puede ver modificada su titularidad.

Dos ejemplos directos y prácticos serían, por ejemplo, aquellos hijos que heredan la casa de sus padres fallecidos y uno de los hermanos decide vender su parte de la casa a sus hermanos para que sean estos los titulares de la misma a cambio de una contraprestación económica o aquel matrimonio que se separa y una de las partes le vende su parte a la otra para que la misma se quede con la titularidad de la vivienda en exclusividad.

En cualquiera de los casos anteriores, con todas las salvedades y particularidades que correspondan, deberá tenerse presente que estamos hablando jurídicamente de una compraventa en toda regla. Es importante mencionar este aspecto pues ello tiene unas importantes implicaciones fiscales, con relación a los impuestos a satisfacer, que conviene conocer.

Por supuesto, tal y como se decía, existirán particularidades que deberán tenerse en cuenta y que pueden tener una gran importancia legal y/o fiscal. Particularidades como si existe una sociedad de gananciales que deba liquidarse o si bien esta no existe o la zona donde se realiza la transmisión (pues de una zona del país a otra pueden diferir mucho los impuestos y costes a soportar) serán variables que tomar en consideración de una forma muy clara para poder llevar a cabo la operación.

En los casos anteriormente mencionados, una de las opciones, quizá la más recomendable técnicamente, sería la de realizar lo que se denomina como disolución del proindiviso. Ello conlleva que una de las partes se queda con la propiedad mientras que la otra recibe una contraprestación económica por ello. Esto resulta aplicable en muchas situaciones, pero es especialmente claro en aquellos casos donde una propiedad compartida no es más que una fuente de conflictos y problemas.

Otro de los cambios que se pueden producir en la titularidad de una vivienda es mediante la división física de la titularidad de un inmueble. Pongamos, por ejemplo, el caso de un edificio que resulta divisible en varios pisos y que todo el edificio era titularidad de una única persona. Bien, pues puede acordarse de que se divida la propiedad y que se pongan distintos titulares para cada una de las propiedades divididas.

Finalmente, otro caso posible -aunque menos común- es aquel cambio de titularidad de una propiedad para añadir nuevos propietarios a una propiedad cualquiera.