Cómo echar a un inquilino moroso

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Uno de los grandes problemas para que el alquiler de las viviendas no haya ocupado un lugar importante dentro de las opciones de acceso a la vivienda durante muchos años ha sido la gran dificultad y coste de echar a un inquilino moroso.

En los últimos años, el alquiler está recobrando el lustro que tuvo hace décadas y es que, sin duda, es una buena forma tanto de sacar rentabilidad a una inversión por parte de los propietarios como de vivir para unos inquilinos en un entorno donde cada vez se prima más el disfrute de un bien que no su posesión, pero cabe reconocer que el tema de echar a un inquilino moroso sigue siendo un tema delicado.

Echar a un inquilino morosoEchar a un inquilino moroso de la vivienda que se le tiene alquilada sigue siendo un tema delicado si bien es cierto que lo es mucho menos que hace unos años. Por un lado, en la actualidad, existen seguros públicos y privados que garantizan el pago del alquiler al propietario aunque los inquilinos incurran en mora y, en segundo lugar, debe reconocerse que las medidas tomadas en estos últimos años por el legislador flexibilizando las condiciones para poder echar a los morosos y facilitando el proceso han sido positivos y han tenido buenos efectos.

Dicho de otro modo, se han dado buenos pasos en el camino y hoy en día es más fácil expulsar a un moroso que antes, pero aún queda terreno por recorrer. Aún queda terreno por recorrer y, sobre todo, ello es así en los tiempos judiciales, pues los mismos siguen siendo muy elevados especialmente en las grandes ciudades.

Llegado el caso de ser víctimas de impago por parte de los inquilinos a los que se les tenga alquilado el piso el proceso es claro. El primer paso a darse en el escenario ideal sería que tuviésemos contratado uno de esos seguros que cubren los impagos de los inquilinos y ponerlo entonces en manos del seguro y que ellos se encarguen de todo pero, en aquellos supuestos en los que no sea así, el procedimiento es el siguiente.

Una vez el inquilino ha incurrido en mora debemos ponernos en contacto con él, y lo debemos hacer de una forma informal y lo más amistosa posible para verificar si realmente existe voluntad de no pagar, si ha sido un suceso puntual o si incluso ha sido algún error y no ha existido ni voluntad de impago.

En el caso de que la voluntad de impago sea manifiesta y veamos que no quiere reconducir la solución se le deberá enviar un burofax reclamando fehacientemente el pago y, en el caso de no responder adecuadamente al pago y no saldar la deuda, podremos iniciar el proceso judicial para desahuciarle.

Obviamente, el proceso judicial debe de ser la última de las opciones y a nadie le interesa un proceso que de entrada tendrá unos costes y será presumiblemente largo, por ello es mejor negociar un tiempo que denunciar directamente. Ahora bien, evidentemente también, de no existir voluntad de pagar y no llegar a ningún acuerdo no quedará otra que acudir a los tribunales.