Cómo recurrir una multa de tráfico

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Cuando se nos impone una sanción de tráfico estamos en nuestro derecho de recurrir la misma de no estar conforme con esta. Vamos a ver en las siguientes líneas algunas consideraciones sobre los recursos que podemos presentar a las multas de tráfico.

Antes de entrar en detallada materia, conviene hacer dos apreciaciones previas: por un lado, es importante mencionar la necesidad de que primero se valore si realmente merece la pena recurrir la multa o si resultaría mejor pagarla para beneficiarnos del descuento que pudiera haber por pronto pago y, por otro lado, también debe valorarse la línea de ataque que se tomará de cara al recurso que se pretenda presentar, valorar si el recurso se sustentará en cuestiones de forma o en cuestiones de fondo de la sanción impuesta.

Un aspecto determinante llegado el momento de recurrir una sanción, de recurrir una multa de tráfico, es obviamente el organismo que nos ha impuesto esa sanción, ya que ello determinará tanto la forma en la que recurrir, como los plazos, el lugar, etc.

No es lo mismo una multa impuesta por las autoridades policiales en una zona interurbana, por ejemplo, en plena autopista, que una multa interpuesta por la policía local de una determinada localidad al haber infringido alguna ordenanza municipal de esa zona urbana en concreto, de esa ciudad en particular o haber cometido alguna infracción de ámbito general pero haberlo hecho dentro de esa zona urbana.

En el momento de ser parados por la Policía, o incluso en el momento de recibir la sanción en el domicilio, son muchas las personas que creen que el asunto ya no tiene solución, son muchas las personas que piensan que ya han incumplido directamente la ley y que deben pagar la multa, y ello para nada es así.

En el primero de los casos, simplemente se tratará de la palabra o percepción de un funcionario público contra la nuestra y, en el segundo de los casos, nos encontraremos efectivamente contra una sanción por una infracción presuntamente cometida, pero nosotros podremos alegar lo que entendamos conveniente para que esa presunción no sea tal presunción y la sanción sea anulada.

Cierto es que las autoridades policiales cuentan constitucionalmente con la presunción de veracidad, lo que presupone que a lo que ellos dicen se les presuponga verdad, pero también es cierto que ello no supone que nosotros no podamos pedir las pruebas que sustenten lo que ese agente o esos agentes manifiesten.

Así, la petición de las pruebas que sustentan la afirmación de que hemos cometido una infracción es el primer paso que puede darse al recurrir una sanción. A partir de ese punto, nos encontraremos con las opciones que entendamos convenientes para defender nuestros intereses valiéndonos de los medios de prueba que tengamos para demostrarlo: demostrar que disponíamos del ticket de aparcamiento o de que ese coche no se encontraba en ese lugar en ese momento, la declaración de que nosotros no éramos los conductores del mismo, etc.

Todo lo anterior sin contar, por supuesto, con todas las alegaciones que podamos sostener por defectos de forma en todo el procedimiento de la interposición de la sanción que nos hayan impuesto.