Cuando la justicia o la medicina se equivocan

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En la vida, el riesgo cero no existe en prácticamente ninguna, por no decir absolutamente ninguna actividad o acción que se realice. Vivir en sí mismo conlleva un riesgo y eso hay que tenerlo muy presente. Del mismo modo que debe tenerse muy presente que en todos los ámbitos deben ponerse las medidas necesarias para que ese riesgo intrínseco se minimice lo máximo posible y ello, por supuesto, también atañe a los ámbitos de la justicia y de la salud.

En algunas ocasiones, cuando se produce una desgracia, un accidente o algo muy grave, es debido a la mala praxis, a la mala fe o, directamente, al dolo de quien ocasiona esa desgracia, accidente o suceso pero, en muchas otras ocasiones, la mayoría podría decirse, no existe ni mala praxis, ni mala fe ni dolo en las decisiones o acciones que pueden llevar a fatales consecuencias. Eso es algo que se tiene que tener muy presente, pues acusar siempre que sucede algo mal a alguien es una costumbre muy extendida que, en muchas ocasiones, no se ajusta a la realidad, pues en la gran mayoría de casos se está hablando de meros accidentes, de meras circunstancias que podrían haberse evitado o no pero que no se buscaron.

mala praxisNo todos los sucesos tienen un culpable, pero si un responsable y si bien, tal y como se decía, no se trata de buscar culpables, sí que es cierto que existen responsabilidades que deben depurarse y que, por otro lado, deben permitir resarcir el daño que se haya podido causar (aunque haya sido involuntariamente) a la parte perjudicada.

En todos los ámbitos de la vida lo anterior puede suceder y sucede pero, sin duda alguna, dos de los ámbitos donde los errores o los accidentes tienen una mayor trascendencia por el impacto que en la persona afectada pueden tener son los ámbitos de la justicia y de la salud.

Ambos ámbitos son dos ámbitos especialmente vulnerables pues, por un lado, en el tema de la justicia se está hablando de temas tan sensibles como la libertad de las personas, entre otros, y en el ámbito de la salud se está hablando de algo tan trascendente como la propia salud, como la propia integridad física de las personas, e incluso como la propia vida.

En el conjunto de la población, a veces parece existir la creencia de que cuando en estos ámbitos tan importantes y sensibles se comete permítase la palabra alguna injusticia o algún error o accidente es muy difícil perseguir a quien ha cometido la injusticia o que resulta muy difícil ser resarcido por el error o el accidente que se haya sufrido, pero nada más lejos de la realidad.

Cierto es que cuando uno se enfrenta a determinados estamentos u organismos, a determinados perfiles profesionales, puede parecer que no resulta fácil enfrentarse a los mismos y mucho menos salir vencedor pero, en realidad, no tiene por qué ser así.

Obviamente, de frente uno se encontrará con estamentos poderosos, pero obviamente también si se cuenta con la razón y con las pruebas que permitan demostrarlo puede ganarse. Es más, ese concepto de gremialismo, en muchos sectores, y de opacidad, puede que sea cierto en algunos casos y que queden algunos resquicios pero cada vez más estamos ante una sociedad abierta en la que los abusos de antaño ya no se producen.

En el entorno actual, existen estamentos superiores, organismos y entes que velan por el buen funcionamiento de los sistemas y que persiguen el reconocimiento de los derechos, de modo que cada vez es más fácil conseguir que los mismos nos sean respetados y resarcidos por los daños causados. Por supuesto, obviamente, ello no es una carta blanca a reclamar todo y lo que nos venga en gana pues, en muchas ocasiones, hay muchas personas que se creen y se piensan con toda la razón del mundo y los malos siempre son los demás y la administración que les “persigue” cuando en realidad es todo lo contrario.

Un último apunte: en la mayoría de profesiones que estamos hablando los profesionales que las llevan a cabo cuentan con seguros de responsabilidad civil y otros que les protegen en caso de cometer errores, de que sucedan accidentes, etc. Por lo que, en muchas ocasiones, no se trata ni tan siquiera de litigar sino de mover suficientemente lo hilos para cobrar lo que corresponde.