Cuando la ley no es suficiente

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Se dice que la ley lo es todo, que el imperio de la ley es indispensable para el funcionamiento de una sociedad y bien cierto que es. La ley, que exista un orden, una legislación, unas normas y un poder con capacidad de hacerlas cumplir resulta esencial para cualquier sociedad, pero con la ley no todo se puede (ni se debe) resolver, o mejor dicho, no sólo con la ley todo debe tener una solución.

Las leyes, las normas, son esenciales tal y como se indicaba, y las mismas son las que deben vertebrar la vida en sociedad, el conjunto de reglamentos que nos sujetan y que permiten una convivencia civilizada, pero dejarlo todo a aquello que dicta la ley es un error de enormes consideraciones.

martillo juezLas leyes pueden regular aspectos generales e incluso pueden adentrarse en aspectos concretos, pero no pueden resolver todas las cosas que suceden en el mundo y no pueden ni deben ser la solución a cualquier problema, enfrentamiento o controversia que pueda existir.

Obviamente, fuera de la ley existe el vacío más absoluto, el caos, la anarquía, no se está hablando de que nada se tenga que resolver fuera de la ley, que se tenga que resolver sin leyes, sino que no todo lo pueden resolver las leyes, o mejor dicho también que no sólo la aplicación de la ley y de medidas coercitivas, no sólo el Código Penal, el Código Civil o el que sea dará respuesta a todas las necesidades y situaciones que día a día se presentan en el mundo.

Existen conflictos personales los cuales no pueden ser resueltos con la estricta aplicación de la ley, existen situaciones en las que la ley en lugar de ser soluciones, pueden ser más un problema que otra cosa. La mediación, la negociación, el dialogo, las medidas que permitan dentro de norma no basarse en la aplicación estricta o de una visión cerrada de la ley serán la mejor solución.

Pongamos el caso, por ejemplo, de conflictos de jóvenes inadaptados o de conflictos familiares que no conlleven violencia ni consecuencias fatales que, obviamente, puedan requerir de la intervención pura y estricta, de la intervención en su máximo exponente y con la menor benevolencia de la ley mediante la aplicación de los castigos que esta permita.

En estos casos, poner la ley por delante y aplicarla hasta sus últimas consecuencias puede ser más un problema que una solución, puede desvertebrar a una familia por completo que no se encontraba en una situación de crisis grave o puede arruinar el futuro del joven inadaptado cuando quizá aún podía ser reconducido.

En todos estos casos, por supuesto, no se trata de salirse de la ley, se trata de saber adaptar las leyes para que su aplicación directa no sea la solución, pasa por generar escenarios, por generar marcos donde la reeducación, donde otras soluciones más socioeducativas tomen el relevo a la acción legal, a la acción coercitiva.

Tal y como se decía, lo anterior no será, por supuesto, ni mucho menos en todos los casos, en los supuestos graves, ni deberá plantearse ni tampoco servirá ni funcionará en todo tipo de personas, es más, en muchas se podrá intentar y será un fracaso, y es entonces donde la ley deberá entrar en todo su ímpetu, con toda su fuerza en castigar la persistente actitud, la situación incapaz de reconducirse que se pueda producir, pero antes que ello tienen que existir en algunos supuestos elementos que escapen a la más estricta y poco benevolente interpretación de la ley.

Lo anterior no tan sólo tiene sentido y aplicación en los ámbitos personales que se han mencionado si no que puede tener sentido y tiene sentido en muchos otros ámbitos. En otras esferas de la vida personal, también en el desarrollo de las relaciones laborales, comerciales y mercantiles, en cualquier ámbito la aplicación dura y estricta de la ley tiene que ser un recurso, pero no son siempre el primer y mejor recurso.

Otro asunto paralelo al anteriormente mencionado sería sí la sociedad en general se debe articular en base a lo que las leyes dictan o sí es la sociedad la que debe dictar las leyes y en base a ella articular su acción social moldeando la realidad legal según los deseos y las necesidades sociales, pero ese en todo caso sería otro tema muy distinto. Muy distinto, pero con un mismo fondo: la ley lo es todo, pero siéndolo todo la misma no siempre es suficiente.