De lo legal y de lo legítimo, sensibles diferencias

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¿Todo lo que es legal es legítimo? Y por otra parte, ¿todo lo que es legítimo es legal? ¿Existe más de una legalidad? y ¿existe más de una legitimidad? Y si existe ¿qué sucede cuando colisionan? Analicemos las respuestas a estas preguntas de una forma detallada.

Distintas realidades, distintos escenarios

No, ni todo lo que es legal siempre es legítimo, ni todo lo que es legítimo es legal. Así es como se tiene que empezar este artículo para hacer honor a la verdad y empezar a responder las preguntas que se planteaban en la parte inicial de este texto.

La legalidad, en realidad, no es nada más ni nada menos que aquello se encuentra en un momento determinado de la historia, en un lugar concreto y bajo una realidad concreta. Por el contrario, lo legítimo es algo que trascendería más que lo legal y sería algo más relacionado con lo más profundo del ser humano, con el interior de las persona y que trasciende al concepto mismo de legalidad. Veamos.

Si en la actualidad hablásemos de porque alguien roba o hurta en una tienda ponerlo en medio de la plaza del pueblo y cortarle la cabeza como se hacía hace muchos años ¿podrá ser ello legal? Sí, podría serlo, en nuestro ordenamiento jurídico no lo es, pero puede haber otros países, otras realidades sociales y culturales que sí que lo consideren legal, pero ¿es legítimo? Seguro que la gran mayoría de nosotros considera que por muy legal que se considere en algunos sitios legítimo no lo es.

Lo mismo podríamos decir de otros casos que en nuestro país son consideradas auténticas (y por supuesto ilegales) aberraciones como por ejemplo maltratar a una mujer, lapidar a alguien por adulterio o torturar a alguien hasta la muerte por su condición sexual, entre otros muchos casos, pero que en otros países siguen teniendo y tienen la condición de legales, están amparados y protegidos por la ley y se perpetran en nombre de la ley, ¿pero son legítimas todas esas acciones? Obviamente en esas realidades sí que lo son pues se basan en el amparo que les puede dar la legitimidad que les da la ley para hacerlo y en base a las creencias de los que lo consideran legítimo y lo incorporan como legal, pero sin duda una vez más cabe responder con rotundidad que a nuestro modo de entender que a los valores que a nosotros como sociedad nos corresponden, la grandísima mayoría no lo consideramos legítimo por muy legal que pueda ser.

En nuestra realidad

En nuestro entorno más cercano no nos encontramos con estos casos anteriormente mencionados, pero sí que existen otros muchos de componente social, político y otros que nos pueden conducir a un choque de legalidad y legitimidad.

Si nos atenemos a lo que dice la RAE sobre lo que es legal vemos que la misma en sus dos primeras definiciones dice que legal es aquello que resulta “prescrito por ley conforme a ella” y también que es legal aquello que es “perteneciente o relativo a la ley o al Derecho”. Por contra si nos fijamos en la definición que la RAE sobre lo que es legítimo, vemos que por legítimo interpreta aquello que es “lícito” (de justo), y también aquello que es “cierto, genuino y verdadero en cualquier línea”, además de algo que es “conforme a las leyes”.

Por todo lo anterior, vemos que la solución no es fácil pues algo que es legal de entrada es legítimo, pues la legitimidad “conforme a las leyes” la obtiene por ser legal, pero ¿qué sucede si está legitimidad legal proviene de una decisión injusta y/o falsa del legislador? Legalmente será justo, pero moralmente y desde el punto de esa legitimidad interior que se mencionaba no debería ser legal, ¿cómo resolverlo entonces? Evidentemente en un Estado de Derecho el imperio de la ley prima y la legitimidad que otorga la legalidad es la que impera.

Más complicados aún son aquellos casos donde lo que se convierte legítimo por lo que dicta la ley es justo y legítimo, pero también los es protestar contra ello, es decir cuando tan legítima desde todos los puntos de vista es lo que marca la ley, como legítimos son los argumentos para oponerse a ella. En estos casos nos encontramos ante un choque ya no de legalidades, pues hay una legalidad, sino de legitimidad, pues puede haber dos o incluso más legitimidades sobre un mismo tema. En estos casos la legitimidad de un ordenamiento democrático es la que deberá hacer imperar cual es la legalidad que impera de todas las legitimidades posibles sobre el tema del que se esté tratando.