Distintas formas de ceder los derechos de autor

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Hace ya algunos años que entre nosotros se han instalado con fuerza plataformas de autoedición (con el gigante Amazon por ejemplo con un claro referente y líder en el sector) que han permitido que salgan a la palestra autores de obras escritas hasta ahora inéditos y que sin esta revolución que han supuesto estas plataformas estaban en su gran mayoría condenados al ostracismo.

Es tan grande la influencia de estas plataformas que según datos del gigante estadounidense Amazon que antes se mencionaba desde que se lanzó Kindle, del “top ten” de los listos más comprados en su librería virtual una gran parte son libros publicados mediante este sistema. Pero hoy no queremos adentrarnos en este análisis, hoy queremos adentrarnos en un análisis de carácter mucho más legal que puede por ejemplo emanar de nuestro repentino éxito en una de estas plataformas, ¿qué sucede con nuestros derechos de autor?

Ante todo siempre seremos los padres de la criatura

Referente a los derechos que nos otorga la Ley de Propiedad Intelectual existe sin ningún tipo de duda una gran confusión y son muchas las personas que los desconocen en gran medida, incluso son muchas las personas que se lanzan a la aventura de escribir pero que siguen teniendo grandes dudas sobre los derechos que le asisten por ellas.

Sobre los derechos de autorRelacionado con la remuneración a percibir por los derechos de las obras y demás también podríamos entrar en debate y análisis de aspectos que ahora también están en plena ebullición como son por ejemplo los relacionados en cómo ha afectado y afecta Internet en tales remuneraciones y muchos otros aspectos, pero hoy queremos centrarnos en un aspecto que va más hacia la raíz de todo ello, que trasciende a dichos aspectos, vamos a centrarnos a un aspecto que nos acerca más al inicio de todo: los derechos que nos asisten como creadores de la obra, un factor mucho más inmutable que otras consideraciones que se encuentran en discusión.

Para hablar de lo anterior podríamos poner una analogía con la de la persona que tiene un hijo y se convierte en padre o madre de esa criatura. Esa persona, adquiere y adquirirá de por vía la naturaleza, la calidad de padre o madre, de madre o padre biológico de esa criatura. Esa condición será innata de por vida, más allá de cualquier otra consideración, de leyes o de otros asuntos que puedan aplicar, lo mismo sucede con una obra escrita: siempre seremos los creadores de ella, eso nunca nos lo podrá quitar nadie.

Cabe decir lo anterior pues son muchas las personas que se piensan que si por ejemplo escriben un libro para un tercero, o si bien escriben un libro para sí mismo y alguien resulta interesado y les compra los derechos perderán los derechos sobre la obra y ello no resulta exactamente así.

Dicho de otro modo, podremos “vender” parte de nuestros derechos, podremos cobrar por lo que hemos escrito y renunciar a que nuestro nombre aparezca en la obra, a que nuestro nombre salga o lo que sea, pero nuestra obra siempre será por naturaleza nuestra obra y eso será irrenunciable. La misma ley lo establece, por supuesto sin menoscabo de las responsabilidades e incumplimientos en los que podamos incurrir (comerciales, etc.) por no respetar lo que hayamos pactado.

Diferentes tipos de derechos

Para entender lo expuesto en párrafos anteriores debemos primero adentrarnos en lo que la ley entiende como dos tipos de derechos que nos asisten por crear una obra, por un lado se encuentran los denominados derechos patrimoniales y, por otro lado, se encuentran los denominados derechos morales, y sin estos últimos los que resultarán irrenunciables. Veamos.

En el primer tipo de derechos estamos hablando más del tipo de derechos económicos que nos corresponden por haber escrito una obra, así, por ejemplo si nos viene una productora y quiere comprarnos los derechos para convertir nuestro libro en una historia cinematográfica podremos cederle los derechos para que lo haga, y lo haremos normalmente mediante una compensación económica hacia nosotros. También puede que dicho acuerdo incluya que solo tal o cual productora, editorial o lo que sea podrá editar o producir la obra durante años, así como que se podrá realizar tal o cual merchandising y a quién le corresponderán los beneficios por las ventas que se produzcan y demás, pero en realidad, nada de ello nos está hablando de los derechos morales de la obra.

Los derechos morales son algo más profundo, algo que escapa a lo económico y que tiene más relación con responder a aspectos, ¿cómo, dónde y cuándo queremos que se venda nuestra obra? ¿Autorizamos a que nuestra obra pueda ser modificada y adaptada por terceros? Etc. Nosotros podremos llegar a los acuerdos que deseemos, pero debemos tener muy presente que lleguemos al acuerdo que lleguemos, la respuesta a estas preguntas en última instancia siempre corresponderá a nosotros (sin perjuicio como se decía de las responsabilidades en las que podamos incurrir por acuerdos que hayamos alcanzado).

Y todo ello nos lleva a finalizar donde se inició todo: la criatura es biológicamente nuestra por el mero hecho de haberla creado y eso nadie nos lo podrá quitar. Puede que económicamente ya no tengamos los derechos sobre la obra si hemos renunciado a ello o los hemos vendido, puede que se den muchos supuestos, pero padres de la criatura lo seremos siempre.

¿Y qué ventajas tiene lo anterior? A modo teórico y moral puede aportarnos esa tranquilidad de que nuestro hijo es nuestro hijo y que nada ni nadie nos lo podrá quitar suceda lo que suceda, si hablamos a modo más práctico se puede decir también que la tranquilidad de saber que sobre una obra que nosotros hayamos creado nosotros tendremos siempre la última palabra en muchos aspectos, con muchas salvedades si existen otros interesado y factores de por medio, pero al fin y al cabo, en esencia seguiremos manteniendo el control sobre la misma y ello resultará irrenunciable.