El Internet de las cosas y la privacidad

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Nos encontramos en la era de la conexión total, nos encontramos conectados siempre con todos, en cualquier momento y en cualquier lugar, y nos dirigimos hacia un mundo donde ya no solo nos encontraremos conectados con todos, sino también con todo. La era de las personas conectadas con todo y con todos ya está aquí y trae consigo importantes desafíos a la privacidad y otras consideraciones que bordean, o directamente colisionan con la legislación actual. Veamos aquí algunas consideraciones al respecto.

Desafíos a la vuelta de la esquina

Podría parecer que de lo que aquí estamos hablando sea algo de ciencia ficción o bien de algo que si pasa sucederá de aquí muchos, muchos años, pero en realidad para nada es así, pues ya nos encontramos inmersos en el inicio de esta sociedad conectada con todos y con todo, ya nos encontramos inmersos en ella y la alta rapidez del desarrollo tecnológico del mundo actual garantiza que no tardaremos nada, muy pocos años, o incluso meses, para ver cómo se produce una eclosión imparable de esto que se denomina el “Internet de las cosas”.

privacidad e internetUna eclosión del Internet de las cosas que tal y como se ha dicho no es algo que tenga que llegar, pues en realidad ya está aquí, ya existen aparatos conectados a Internet siempre que nos conectan todo y con todos, ya existen multitud de gadgets que presentan enormes desafíos legales y de cambios en la sociedad, pero lo cierto es que falta la espoleta final, la eclosión total y, sobre todo, la generalización en el uso de los mismos para que resulte un cambio social visible en todas las capas y estamentos, en el general de la sociedad.

Desafíos concretos

Y ¿cuáles son estos desafíos, estos conflictos legales que auguran y aseguran la eclosión de los aparatos, de los gadgets incluidos en esta gran gama de productos denominada como el Internet de las cosas? Bien, pues los desafíos y conflictos que se presentan son muchos y muy variados, pero sobre todo, especial y concretamente, en este artículo queremos centrarnos en aquellos desafíos y conflictos que tienen que ver con la privacidad de las personas, con la privacidad de los usuarios de este tipo de gadgets y también en la privacidad de terceros.

Las pulseras que monitorizan toda nuestra actividad física y la transmiten a una determinada plataforma donde queda archivada para que la podamos visualizar son quizá la punta de lanza de este tipo de gadgets, pero no debemos olvidar que estos son gadgets, son tan sólo una milésima parte de los gadgets que ya existen y que están por venir, y suponen una milésima parte del conflicto que ya existe y que se avecina, pero sin duda una parte significativa, eso sí.

Una parte significativa pero que encuentra grandes primos hermanos en por ejemplo aplicaciones para nuestro Smartphone que rastrean todos nuestros movimientos dejando registrado dónde hemos estado y cuándo hemos estado, grandes primos hermanos en relojes pulsera que también registran datos personales nuestros, así como datos de actividades, hábitos y costumbres nuestras, o bien televisores conectados, lavadoras, neveras y cientos de aparatos más que ya no son elementos inertes al nivel tecnológico que aquí hablamos, sino que son activos, muy activos. Ello por no hablar de aplicaciones que pueden ir incorporadas por ejemplo a nuestros vehículos y que monitorizan paso a paso nuestra actividad como conductores, gafas que de forma imperceptible puedan ir grabando audio o vídeo o lentes de contacto que una vez puestas en el ojo del usuario toma datos de la glucemia de la persona y los registra en una plataforma para que podamos mantener un adecuado control y compartirlo con nuestro médico si lo deseamos.

¿Lo anterior es malo? ¿Es un riesgo? ¿Debe limitarse? No hay una única respuesta a las preguntas anteriores, obviamente malo de entrada no es, al contrario, es positivo y supone un avance en muchos aspectos y nos aporta nuevas soluciones que nos facilitan la vida, permiten cuidar mejor de la salud y muchas otras cosas beneficiosas más, pero el problema no es que no sea malo de entrada, el problema es que aquello que no es malo en esencia puede convertirse en muy malo si se hace un mal uso de ello, un mal uso de ello por parte de quien capta esos datos, o incluso por parte de terceros que los intercepten. Y ello lleva responder a las siguientes dos preguntas: por supuesto que supone un riesgo (en realidad cómo todo en la vida, y especialmente lo novedoso), y no es que deba limitarse ni mucho menos, pero sí que se debe llegar a un escenario de seguridad y fiabilidad en este tipo de elementos, y sobre todo de responsabilidad por parte de quien los usa, responsabilidad que va ligada a saber utilizarlos adecuadamente, a saber utilizar elementos de fabricantes fiables, etc.

Y es que sin duda los riesgos para la privacidad nuestra son notorios, como también lo son por ejemplo para terceros a los que nosotros podemos perjudicar si realizamos un mal uso de estos gadgets. En el primero de los casos, por ejemplo, se podría poner el ejemplo de alguien que consigue romper los sistemas de seguridad de tal o cual aplicación y se hace con nuestros datos de salud volcados en tal o cual plataforma y luego pretende hacer un uso indebido de los mismos, cómo por ejemplo hacer un uso comercial de los mismos si nosotros no lo hemos autorizado o supuestos mucho peores, y en el segundo caso por ejemplo podríamos encontrarnos con el daño que podemos causar haciendo una grabación no autorizada de un tercero y luego subir la misma a la red propagándola por ella.

Pero atención, para finalizar una breve advertencia: cierto es que existen multitud de riesgos en las nuevas tecnologías, cierto es, pero no es más cierto que aquello que se ha dicho de que en realidad ha existido, existe y existirá en todo a lo largo de la vida (online y offline), y cierto es entonces que el principal riesgo para la privacidad no es la tecnología en sí sino uno mismo, el mal uso el desconocimiento, ignorancia e irresponsabilidad de los usuarios en su uso.