El mercado de relaciones laborales español

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El mercado de relaciones laborales español resulta a todas luces ineficaz. Más allá de la reforma laboral (que adolece de excesiva para algunos y de insuficiente para otros) que se practicó no hace tanto y que, sea por exceso o por defecto, resulta evidente que no ha funcionado como debería, existe otra realidad más profunda, y es que ya no es la piel del mercado laboral español lo que no funciona, sino su propio esqueleto.

El esqueleto del mercado de relaciones laborales español no funciona, no es eficiente, pues en gran manera se ha quedado anclado y está planteado en esquemas de desempeño laboral del siglo pasado y, en algunos casos, casi de finales del siglo XIX.

Los tiempos han cambiado y mucho en todos los sentidos y eso ha hecho que aquella estructura que antaño podía tener sentido, en la actualidad ya no es que no disponga de sentido, sino que resulta perjudicial para el propio sistema laboral español.

El sistema laboral español soporta una tasa de paro inaceptable para las cifras de una sociedad avanzada y ello, sin duda, es en parte por culpa de un sistema carcomido por distintos aspectos, desactualizado por distintos puntos y atacado por distintos flancos.

Hablar de soluciones para el mercado laboral no es fácil, pues en gran parte depende del legislador de turno, pero si se pudiesen realizar algunas apreciaciones transversales que pudiesen realizar al mismo, estas bien podrían ser las siguientes:

Por una parte, resulta evidente que la seguridad jurídica en el marco de las relaciones laborales es un aspecto a mejorar muchísimo. Cualquier empleador necesita estabilidad y saber en qué terreno concreto de juego está jugando y modificar las reglas a mitad de partida o hacerlo cada dos por tres, sin duda, no es la mejor solución para generar un marco de relaciones laborales estable y seguro jurídicamente. Resulta evidente que toda realidad laboral es dinámica del mismo modo que lo es la vida misma y, en consecuencia, que la legislación que la regula también debe serlo, pero debe serlo de una forma mesurada y en la medida indispensable para que funcione, no para crear el caos o la inseguridad más absoluta con cambios constantes.

Otra cuestión que debe resolverse de una vez por todas es el tipo de contratos existentes en el mercado laboral.

Sea como sea, lo que resulta claro y evidente es que como sociedad en conjunto debemos plantearnos hacia donde nos dirigimos y plantearnos si realmente para dirigirnos a donde nos queremos dirigir, el actual modelo de contratos existente es la mejor opción posible. No se está entrando a juzgar si se debe implantar uno u otro contrato, ni nada por el estilo, eso entrará dentro de la libre opinión de cada persona lectora, pero detrás de esa lectura debería abrirse un debate que nos invite a reflexionar sobre ello.

Un modelo de relaciones laborales y de protección social basado en modelos de patrón versus trabajador de la era industrial ya no funciona en esta era incluso post-tecnológica, en esta era líquida y global. Este es otro de los aspectos que el legislador debería tomar muy en cuenta al replantearse la reformulación del mercado laboral español.

Basado en este modelo de la era industrial de unas relaciones entabladas entre un patrón y un subordinado se ha configurado a lo largo del siglo XX casi toda la jurisdicción social. La misma ha primado en los pleitos laborales casi siempre a la parte (supuestamente) débil y eso paradójicamente ha terminado perjudicando a la misma.

Del mismo modo, la jurisdicción social se ha convertido en el lugar refugio de aspectos que no deberían resolverse en los juzgados, o como mínimo que deberían intentarse resolver eficazmente por vías alternativas, lo contrario ha ocasionado a lo largo de los años el claro colapso de los mismos.

Y, finalmente, un tema que el legislador se debe plantear, pero este en todo caso debería merecer un artículo independiente para él sólo, ya no por su importancia, sino por lo polémico del mismo. Se está hablando del derecho a huelga. Proponemos abrir un debate sobre cuestiones que se escuchan y se leen en nuestros medios sociales: claro está que el mismo debe existir, pero ¿en la medida que lo hace en la actualidad? ¿Casi ilimitadamente como actualmente? ¿En todos los sectores? Sin juicios, reflexiones.