El valor de las tareas domésticas en caso de separación o divorcio

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El modelo social en general que se encuentra ahora en pleno siglo XXI difiere, y mucho, en infinidad de aspectos de la realidad de hace tan sólo unos pocos años. Una de las realidades más cambiantes ha sido el del rol de la mujer en las relaciones matrimoniales, y ello conviene analizarlo en este artículo desde un particular prisma: el valor que puede corresponder a la mujer (también técnicamente al hombre) en caso de separación o divorcio por las tareas del hogar y cuidados de la familia realizados.

Si se retrocediese unos años, no hace falta muchos, tan sólo a los años setenta, ochenta, o incluso, en parte, noventa, del siglo XX, el rol de la mujer en el matrimonio aún seguía siendo un rol eminentemente vinculado al cuidado de los hijos y las tareas del hogar, quedando en la práctica el sostenimiento de la unidad familiar en manos del hombre.

Tareas en casaEn la actualidad, afortunadamente esta realidad ha dado un vuelco muy importante y ya no se considera que indefectiblemente tenga que ser la mujer la que se encarga de las tareas del hogar y del cuidado de los hijos, mientras el hombre es el padre de familia que va a trabajar y trae el sustento a la familia.

Actualmente, esta realidad se ha transformado y tanto en la visión social de las personas y en la realidad práctica diaria (especialmente en las parejas y matrimonios más jóvenes y de mediana edad) existe una visión de igualdad. Una visión en la que ya no es el género lo que determina quién sustenta la familia y quién se encarga del cuidado de la misma, sino que todas son tareas compartidas por todos, y todas las partes tienen las mismas posibilidades, derechos y obligaciones.

A ello han contribuido muchos aspectos: la emancipación de la mujer en las últimas décadas ha sido importante y su acceso al mercado laboral en condiciones (en teoría) análogas a los hombres han transformado realidades antiguas. También ha contribuido un cambio en la visión global de la sociedad, lo que a la vez ha contribuido a que los hombres hayan cambiado también de paradigma en relación a su rol en este aspecto dentro de la relación de pareja o matrimonio.

Ahora bien, hay un aspecto al respecto de todo lo anterior, de profunda trascendencia legal e impacto social que no se ha tenido muy en cuenta y tiene mucha importancia: el valor de las tareas domésticas que se realizan.

Antiguamente no se entendía que las tareas domésticas y el cuidado de la familia fuesen un trabajo. El valor del trabajo tan sólo se otorgaba al desempeño ocupacional del hombre, es decir, era el que aportaba el sustento de la familia, el que se “sacrificaba” por la familia.

Actualmente, ello ya no es así y tiene una especial trascendencia para muchas mujeres, y algunos hombres (pues en realidad no importa el género pues ambas partes pueden beneficiarse de esta “nueva” concepción, pero cierto es que aún debe mencionarse a la mujer pues en muchos casos, si bien la igualdad teórica es evidente, también lo es que en la práctica son muchas las mujeres que siguen a cargo principal de las tareas del hogar y del cuidado de la familia), pues en caso de separación o divorcio ello tiene un valor.

En la actualidad, el Código Civil español, dice al respecto y vinculado al régimen de separación de bienes que “los cónyuges contribuirán al sostenimiento de las cargas del matrimonio. A falta de convenio lo harán proporcionalmente a sus respectivos recursos económicos. El trabajo para la casa será computado como contribución a las cargas y dará derecho a obtener una compensación que el Juez señalará, a falta de acuerdo, a la extinción del régimen de separación” (art. 1438 CC).

Ello tiene una trascendencia jurídica, y de distinta índole enorme, y por distintos aspectos: por un lado supone situar en el mismo nivel las obligaciones de las partes, en segundo lugar da valor a las tareas del hogar entendiéndolas cómo una “contribución” a la relación, y finalmente al entenderlo así, al entenderlo como una actividad de valor la misma puede generar incluso derecho a compensaciones en el caso de que finalice la relación digamos que por los “servicios prestados” aportados al bien común, al conjunto del matrimonio.