Embriaguez y desobedecer a la autoridad como conductores

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Afortunadamente, cada vez existe una mayor y más elevada conciencia en la sociedad en general sobre las terribles consecuencias que comporta el binomio de alcohol y conducción, y afortunadamente también lejos quedan en la actualidad las tremendas cifras que año tras año nos arrojaban las estadísticas de muertos y heridos graves que yacían y se producían en la carretera por consecuencias catastróficas derivadas del alcohol.

Por supuesto, decir lo anterior no significa minimizar los casos que aún siguen existiendo en la actualidad, ni significa que ya esté todo el camino recorrido, pues aún queda un largo trecho por recorrer. Pero, sin duda alguna, la situación es diametralmente opuesta a la de hace tan solo unos lustros y a ello ha contribuido, tanto un endurecimiento legislativo importante, como una concienciación social cada vez más importante.

resistencia a la autoridadSobre un asunto relacionado con la embriaguez de la persona durante la conducción de vehículos de motor va a versar este artículo, pero el mismo no va a hacerlo enfocado a los cambios legislativos producidos, ni a otras consideraciones de las ya mencionadas, sino que el mismo concretamente va a desarrollar un aspecto poco conocido: qué sucede cuando a lo largo de una prueba de alcoholemia se nos acusa de desobedecer a la autoridad.

Negarse a someterse a la prueba de alcoholemia es una acción que está penada legalmente, pero es interesante mencionar un supuesto concreto para ver algunos matices al respecto, sin que ello en ningún caso la conducta deje de estar tipificada como un acto ilícito.

Pongamos el caso de que hemos ido a tomar unas copas con unos amigos, luego, después de salir de tomar las copas en un claro estado de embriaguez perdemos el control de nuestro vehículo y dañamos por ejemplo otro vehículo que está estacionado. Hace acto la fuerza policial y nos negamos a someternos a la prueba de alcoholemia.

De entrada se tiene que decir que, por supuesto, deberemos responder por los daños causados, nos podrán retirar el permiso de conducir, etc., imponiéndonos prácticamente seguro una condena por conducir bajo la influencia del alcohol, pero para el caso que aquí nos ocupa existe un factor aún más importante, ¿qué habrá sucedido por habernos negado a someternos a la prueba de alcoholemia?

Bien, de entrada, decir que a todo lo añadido anteriormente se nos condenará por un delito de desobediencia, pero ¿ello siempre será así? No, y reiteradas sentencias judiciales en este sentido así lo respaldan. Veamos.

Cierto es que de entrada negarse a someterse a una prueba de alcoholemia está castigado y podemos ser condenados por un delito de desobediencia, y cierto es que en muchos casos es así pero, ¿qué sucede si alegamos invocando a los artículos 20.2 y 21.1 del vigente Código Penal?

Empezando por analizar primero el segundo artículo mencionado, el 21.1 CP diremos que el mismo desarrolla concretamente los aspectos relacionados con las circunstancias atenuantes de responsabilidad criminal. Así, a tenor de lo establecido en dicho precepto, si nos encontramos bajo los efectos del alcohol y no aplicamos para la exención plena de responsabilidad criminal corresponde cuanto mínimo aplicar un atenuante parcial por la influencia de la intoxicación etílica, aun y cuando no seamos dependientes de tal sustancia, y por supuesto también si lo somos (art. 21.2 CP).

Ahora bien, si a lo que queremos referirnos es al artículo 20.2 CP, vemos que el mismo ya no nos refiere a una atenuación parcial de la responsabilidad criminal, sino que conlleva a una exención completa de la responsabilidad criminal si en el momento de los hechos nos encontramos en estado de intoxicación etílica plena.

Enmarcando lo anterior en el supuesto que se mencionaba, cabría interpretar que correspondería, cuanto mínimo, aplicar el atenuante parcial de la responsabilidad criminal en virtud de lo establecido en el artículo 21.1 CP, pues si bien parece claro que en tales condiciones descritas no nos encontraríamos en estado de intoxicación “plena”, sí que parece resultar obvio que si nuestros signos de embriaguez son evidentes, claros y notorios puede interpretarse que como mínimo existen unos efectos de modificación de conducta que hacen que deba aplicar el atenuante de exención criminal anteriormente referido y mencionado.