Espiar a la expareja puede salir muy caro

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Hace tan sólo unos días se ha conocido la noticia de la condena que ha emitido un juzgado de lo penal de Almería a un hombre que espiaba a su exnovia a través del móvil. Aquí, más allá, de remarcar lo deleznable moralmente de las tales prácticas vamos a ver un poco la cuestión desde su vertiente legal.

Este individuo estaba concretamente acusado de un delito de descubrimiento y revelación de secretos en el ámbito de la violencia sobre la mujer. Por ello, el otrora acusado y ahora condenado ha sido castigado con una pena de prisión de 2 años, más una indemnización a la víctima por un valor de 2000€, así como una pena de multa de 12 meses que tendrá una cuota diaria de 4€. También se le prohíbe acercarse a la víctima a menos de 200 metros de distancia por un periodo de 3 años y, por el mismo periodo, el condenado tampoco podrá establecer ningún tipo de comunicación con ella.

espiar a la parejaSegún consta probado, el acusado instaló en el dispositivo móvil de la mujer un software que le permitía controlar y vigilar de forma permanentemente ya no sólo las llamadas que realizaba la víctima, sino su localización (mediante la posición del teléfono sabía en todo momento donde estaba la víctima) e incluso tenía el control del teléfono para hacer de forma remota fotografías y vídeos con ese teléfono, así como escuchar y grabar todo lo que se escuchaba en y alrededor del terminal, entre otras muchas funciones que podía hacer con el control que ejercía el condenado.

Para llevar a cabo su espionaje, el condenado no tenía que hacer nada más que entrar en una página Web, a la cual una vez identificado le daba acceso a todo lo que sucedía en el terminal y le permitía controlarlo a distancia.

Por supuesto, en este caso, no se estaba juzgando la legalidad o no de dicho software, de dicha aplicación. La misma, este tipo de software, es plena y completamente legal y útil bien utilizado. Pero, una vez más, nos encontramos ante ese supuesto de que el mal no está en el elemento en sí mismo sino en el uso que se hace del mismo. El problema no está en “el objeto o servicio” sino en el uso que se hace de esa “objeto o servicio”.

En este caso se estaba utilizando un uso ilegítimo de ese software pues la víctima no conocía ni que su expareja se lo había instalado ni, por supuesto, entonces había dado ningún tipo de consentimiento para ello.

Así, la pareja que había roto su relación sentimental en agosto del año 2012 estuvo controlando el dispositivo de la que fue su pareja desde un mes antes de romper hasta el mes de septiembre de ese mismo año. El condenado iba controlando todo el dispositivo y recopilando la información que recibía (fotografías, vídeos, etc.) en su correo electrónico (que es donde recibía las alertas de la aplicación).

Lo anterior nos lleva, y debe llevarnos, a distintos escenarios de reflexión, y como mínimo a los siguientes: en primer lugar, nos debe llevar a analizar este tema desde un punto de vista humano, desde el punto de vista de la gravedad y de los distintos prismas que puede alcanzar la deleznable violencia de género. Posteriormente, debe llevar a una reflexión moral general y, finalmente, ha de llevar a una pequeña consideración y reflexión legal.

Desde el punto de vista humano poco que decir, todos los esfuerzos siempre será pocos para perseguir a los delincuentes, a los abominables seres capaces de cometer unos de los delitos más graves y repulsivos que existen: la violencia de género. Y este caso nos sirve para demostrar que la violencia de genero tiene muchas caras y, en ocasiones, el asesinato es simplemente la parte final de un proceso o la parte visible más cruda del problema pero, no es todo el punto de vista completo, pues el maltrato psicológico o lo aquí expuesto también puede ser considerado y debe de ser considerado violencia de género en toda regla, sin olvidar que ello puede ser el percusor de consecuencias aún más graves.

Y, finalmente, desde el punto de vista moral como de sociedad en su conjunto, nos deberíamos replantear algunos valores sobre el derecho a la intimidad y el respeto. Si bien es cierto que legalmente nunca podrán evitarse estos casos al cien por cien, pues quien quiere hacer daño lo hace, hay que endurecer las leyes y, sobre todo, hacer cumplir íntegramente las penas a los causantes de tanto daño y de tantas desagradables acciones.