La causa de los problemas estructurales de la justicia española

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Que la justicia española sufre de graves problemas es una realidad inexcusable y que está a la luz de cualquiera que quiera observarlo. Que la justicia española adolece de un exceso de ineficacia y burocracia, de una lentitud insufrible y de un atraso en muchos aspectos que lo convierten en un dinosaurio administrativo también lo es y, por supuesto, también es una realidad que todo ello tiene graves consecuencias para todas y todos los ciudadanos, pues un mal funcionamiento de la justicia atañe a quienes de un modo u otro somos, o podemos ser, usuarios de la misma.

De lo coyuntural a lo estructural

Lo peor de todo lo que se ha indicado en el primer párrafo de este artículo es que la justicia española no sufre en gran medida los problemas mencionados anteriormente de una forma coyuntural, sino al contrario, dichos problemas se han convertido, o directamente son por su misma naturaleza, problemas de carácter estructural, siendo así sin duda mucho más difíciles de combatir.
Dicho de otro modo lo anterior, pueden existir algunos problemas que tengan una raíz coyuntural, es decir, que puedan ser problemas que se puedan achacar o asociarse directa o indirectamente a las dificultades económicas de estos últimos años o cuestiones por el estilo, pero si se debe ser sinceros y reflejar un fiel reflejo de la realidad la gran mayoría de problemas que afectan a la justicia española para nada provienen de factores coyunturales, sino que es el sistema mismo que la ha configurado, la estructura de la misma justicia española que la convierte en un gigante inmóvil, en un monstruo voraz nada ágil y poco, muy poco eficiente. Quizá algunos problemas que ya eran estructurales se han visto agrandados por la situación económica y los consiguientes recortes en justicia, pero los mismos ya estaban así, y quizá lo único que ha sucedido es que a causa de estos factores coyunturales los mismos han aflorado y se han mostrado con mayor virulencia, claridad o profundidad, pero no se han creado, para nada, pues la gran mayoría ya hace muchos años que están ahí.

La justicia española y sus problemasDel diagnóstico a la solución

Entonces, si tan claro tenemos que la justicia española es una justicia achacosa, cargada de problemas, y con un carro a sus espaldas cargado de costosas, absurdas e inútiles ineficiencias burocráticas, y con una retahíla de problemas que van desde su lentitud, saturación o muchos otros que se podrían comentar, ¿cuál es el motivo que no se provea una solución? ¿Cuál es el motivo que impide en avanzar hacia una solución a los problemas que afectan a la justicia española?
Muchos podrán pensar que los problemas tienen una simple raíz económica y que en consecuencia con una mayor dotación económica todo funcionaría mejor, otros podrán pensar que las interferencias políticas son la raíz y el origen del problema (pero en este caso en realidad estaríamos hablando de otro tipo de problemas, problemas que ciertamente también afectan a la justicia española en algunos casos; casos que en todo caso son interesantes de ser mencionados y detallados en un artículo particular al respecto), pero ni los primeros están acertados del todo, ni los segundos están hablando de los problemas que aquí se trata, pues en realidad la causa de los problemas que aquí se mencionan bien cierto es que tienen una parte de raíz económica y que una mejora económica en las arcas de la justicia redundaría en la mejora de algunos aspectos de la justicia española, pero que nadie se lleve a engaño, el dinero es parte del problema, pero no es el problema en sí mismo y así y como sucede en muchos otros aspectos de la vida aunque se aportasen mayores cantidades de dinero, aunque se diese a la justicia española todo el oro del mundo de no arreglarse los problemas de base ese sería dinero tirado a la basura sin aportar las soluciones clave a los problemas que la misma tiene.
Y el dinero sería un buen parche a los problemas pero no la solución a los mismos, pues estos van asociados a algo mucho más íntimo e intangible, van asociados a la propia mentalidad con la que se ha configurado la justicia, una mentalidad dictada por quienes han ido a golpe de ley creándola, creándola a una forma y estilo, creándola al gusto de un mundo y de una vida, de un entorno que ya no existe y que demanda nuevas realidades.

Y llegados a este punto entraríamos de lleno en la responsabilidad de quienes han ido legislando a lo largo de todos estos años, de estas últimas décadas, de crear una maraña enrevesada a no poder más, y una maraña y unos organismos con unas formas de proceder más cercanas al siglo XIX que al siglo XXI en el que nos encontramos.

Cierto es que algunas aproximaciones a la modernización han existido, pero lamentablemente muy tímidas y siempre con demasiados tropezones y piedras por el camino. Una modernización que debería pasar, y tarde o temprano pasará, por una digitalización profunda de la justicia, por una reforma en la forma de prestar su labor de los funcionarios, en un distinto enfoque hacia el ciudadano de los órganos de justicia que tienen que pasar a ver a estos como usuarios activos del sistema, cómo “clientes” de la justicia, y muchos, muchos otros factores que se deben tener presentes, y que se deben tener muy presentes si se quiere que la justicia española se aleje de las luces y taquígrafos de hace décadas, si quiere dejar atrás el papel y, casi, la máquina de escribir de nuestros abuelos.

Y todo lo anterior con el fin de lograr pasar a ser una justicia al servicio del ciudadano que hoy habita en nuestros pueblos y ciudades. Un ciudadano digital, un ciudadano más preparado y un ciudadano que necesita volver a creer en la justicia con confianza, y eso pasa por muchos importantes factores, pero el primero de todos es que la misma funcione, y su modernización es uno de los pilares clave para que ello sea así.