La importancia de lo que se dice en las Redes Sociales

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Cada vez salen más noticias relacionadas con personas que deben afrontar consecuencias legales (y/o que arruinan sus carreras profesionales o ponen en jaque sus vidas personales) por aquello que vierten, por aquello que comentan y publican en las redes sociales. Ante esta creciente realidad se pueden dar distintas recomendaciones, pero sobre todo se debe dar un consejo principal que parece no abundar mucho: sentido común.

Desgraciadamente aún existe en el imaginario popular la falsa creencia de aquello que sucede en Internet no es “real”, que existe un halo de anonimato y de anarquía que en realidad no es tal. Internet forma parte de la vida, Internet es un medio, un elemento más, pero tan real como cualquier otro y lo que sucede en Internet sucede en la vida.

Redes socialesTampoco es cierta esa percepción de anonimato que pueda tenerse, cierto es que para volcar un comentario bajo un seudónimo a veces públicamente no hace falta poner ni la foto ni el nombre real, cierto es que puede mentirse y que, en muchas ocasiones, si se trata de navegar desde distintos países la persecución del delito se complica, pero toda acción que llevamos a cabo en la red deja un rastro y, además, identificar a la persona que hay detrás de supuestos perfiles anónimos es más fácil de lo que pueda parecer.

Obviamente, en este artículo no pretendemos referirnos tanto a esos supuestos supranacionales o de personas que se dedican a delinquir vía Internet de forma profesional y premeditada, supuestos que son perseguibles pero cierto es que difíciles de evitar por completo y, a veces, difíciles de encausar. En este artículo se pretende hablar de la persona común que con sus nombres y apellidos, con su foto y en sus propios perfiles en las redes sociales dice o pública según qué cosas.

En estos supuestos una premisa es clara: una amenaza es una amenaza y punto. Da igual si esa amenaza se ha realizado por Internet o si se ha dicho cara a cara, el hecho delictivo es el mismo. Es más, hacerlo por Internet aún aporta ese plus de hacerlo mediante publicidad, mediante un espacio público que aún puede complicar más la situación, el delito será el mismo pero las consecuencias podrán ser más graves.

Lo anterior es un buen ejemplo de lo que sucede en todos los casos. A veces existe la falta percepción de que lo que se dice en Internet no se dice realmente, a veces juegan malas pasadas el pensar que en Internet lo que se pública pasa rápido pues permanentemente hay mucho contenido nuevo y actualizado, a veces la inmediatez que da el poder opinar cuando se tiene la “sangre caliente” puede llevar a malas pasadas, malas pasadas de las que uno luego puede arrepentirse y mucho.

Lo que se publica en las redes sociales se publica y punto. Nada lo borra y nada lo borrará y aunque se borre siempre puede dejar rastro y siempre puede haber quien haga una captura de pantalla y lo saque. Lo que se dice en las redes sociales nos puede condenar tanto o tan poco como lo que se dice o hace en cualquier otro lugar.

Atención que lo anterior no tiene que significar que no se pueda opinar en las redes sociales, ni que se tenga que publicar con miedo. No significa tampoco que no se pueda discrepar ni que no se pueda utilizar un lenguaje duro, pero deben saberse donde están los límites y las consecuencias de traspasar estos límites.

Una vez más, y para finalizar, la mejor receta que puede darse no es otra que la del sentido común, que la de publicar sólo y tan sólo aquello que sepamos que se puede publicar. Y atención, una recomendación clave: cuando se está alterado, enfadado o se quiere despotricar del mundo entero y decir no sé qué barbaridades de alguien o de algo, mejor contar hasta diez, respirar hondo y decidir si eso es mejor publicarlo o mejor callarse. Igual ninguna de las dos opciones es la ideal, probablemente se pueda decir lo mismo pero sin traspasar esos límites que se mencionaban, sin traspasar la frontera.