Sobre la norma de las comisiones bancarias

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Mucho se ha hablado a lo largo de estos últimos meses de las comisiones bancarias por sacar dinero en efectivo de los cajeros automáticos con tarjeta de débito de entidades de las que uno no es titular. Una agria polémica se ha producido y la misma aún no ha finalizado, si bien todo parece indicar que a partir de este pasado 1 de enero de este año 2016 todo está un poco más claro.

Desde siempre hemos tenido asociado el hecho de que sacar dinero de un cajero automático conllevaba una comisión, sobre todo, si se sacaba de entidades ajenas a la nuestra. Nuestra entidad financiera nos cobraba una determinada cantidad por el uso de cajeros externos, ya que la misma debía, y debe, soportar un pago a estas entidades por esas disposiciones de clientes que no son suyos.

El problema a lo anterior (que llevaba años funcionando) surgió cuando algunas entidades decidieron que, además, ellas cobrarían una determinada cifra (sobre unos 2€ en la mayoría de casos) a todas las personas que no fuesen clientes y que sacaren dinero en efectivo con tarjetas de otras entidades. Esta comisión la justificaban bajo la premisa del coste que les supone tener y mantener su amplia red de cajeros automáticos y, en consecuencia, que es justo que si hay personas que se benefician de los servicios que ese cajero les ofrece paguen por usar esos cajeros en lugar de utilizar los cajeros de su entidad.

comisiones bancariasLlegados a este punto podríamos entrar en un debate más ideológico que mercantil, pero no corresponde, sin bien lo primero que debe decirse es que hasta cierto punto es normal que si ofreces un servicio con equipamiento que es tuyo y de tu propiedad quieras que quienes hacen uso del mismo paguen por ese servicio. Pero, el problema no era tanto éste, sino que el problema era que al aplicar estas comisiones podía darse el caso de una doble comisión y eso es lo que estaba prohibido normativamente.

Durante un cierto tiempo los clientes estuvieron pagando esa doble comisión (la de su entidad y la de la entidad propietaria del cajero) hasta que los organismos competentes prohibieron de raíz que se pudiese aplicar una doble comisión. Las mismas validaron y reconocieron el derecho de cobrar una comisión al cliente por sacar dinero de un cajero, pero sólo una comisión.

Lo anterior generó un escenario de confusión a lo largo de algún tiempo más pues nadie sabía a lo que atenerse. Por un lado, quedaba claro que esa doble comisión que había estado aplicándose no era legal y surgieron voces que reclamaban la devolución de esas cantidades pagadas por parte de los usuarios y por otro lado las entidades dejaron de aplicar esas comisiones por uso de sus cajeros y se empezaron a pagar cantidades mínimas que cobraba la misma entidad emisora de la tarjeta a su cliente por sacar dinero de cajeros ajenos a su red.

El Real Decreto que emitió el poder legislativo vino a poner fin a todo este escenario de confusión y a toda esta amalgama de comisiones y de ausencia de comisiones. Este escenario de transición concluyó el pasado 1 de enero con una norma en marcha que puede resumirse de la siguiente manera: la entidad financiera de la que es cliente el titular de la tarjeta puede cobrarle una comisión a su cliente por sacar dinero de cajeros ajenos a su red si lo desea, pero esa comisión no debe de superar en ningún caso el coste que a dicha entidad le supone esa transacción.

Dicho en otras palabras, el banco A le paga al banco B una comisión cada vez que el cliente X del banco A saca dinero en efectivo a débito del banco B. Pues bien, el banco A le podrá cobrar a su cliente la cantidad que desee hasta ese límite que le paga al banco B por esa operación y con el máximo preestablecido.

Lo anterior resulta interesante para los consumidores y usuarios pues clarifica el escenario, por lo general da pie a menos comisiones que antes y, además, abre una guerra comercial de pactos y de ventajas para clientes que con el fin de atraer clientes muchas entidades ofrecen exención de comisiones por éste y otros conceptos.