Sobre la regulación legal de las apps que incluyen datos sanitarios

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Sin duda alguna, uno de los grandes retos a los que se enfrenta la humanidad es la privacidad, y más concretamente al uso de los datos personales que de cada persona transitan y se envían por Internet. Este aspecto es de suma relevancia, pero resulta especialmente importante en aplicaciones que recopilan datos relacionados con el ámbito de la salud por la especial sensibilidad de los mismos, por ello este tipo de datos tienen que tratarse de forma diferente y, sobre todo, tienen que ir siempre a parar a buenas manos.

En primer lugar, uno de los aspectos que tiene que tenerse muy presente es que quizá haya llegado el momento de replantearse la privacidad tal y como la entendíamos hasta hace muy poco tiempo. En el futuro, y prácticamente en el presente inmediato, cada vez menos viviremos en un entorno donde prime la privacidad, la clave estará en gestionar bien donde van a parar nuestros datos y no tanto en intentar evitar que los mismos fluyan.

Llegados a este punto resulta claro que todas aquellas aplicaciones que tratan con datos personales, con datos que atañen a la privacidad de las personas, tienen que tener una regulación que ponga coto a la forma de hacer uso y a la manera de tratar esos datos pero, sin duda, dos aspectos son esenciales en este ámbito: la auto-regulación a la que puedan someterse las mismas empresas y sobre todo y, muy especialmente, la actitud y acciones del usuario de estas aplicaciones.

Siempre se tiene la tendencia de acusar a las empresas y a los demás para no asumir las responsabilidades propias. Siempre se buscan responsables externos y cierto es que los hay y que hay que controlarlos, pero también es cierto que uno y cada uno de nosotros puede hacer mucho más de lo que hace en todos los ámbitos, y en el preservar y proteger su privacidad de ellos.

apps que incluyen datos sanitariosEl usuario, el ciudadano, no es un sujeto pasivo el cual no pude hacer nada por el control de su privacidad en general y de sus datos personales en concreto. En primer lugar, puede cerciorarse de que aquellos lugares en los que se da de alta, de que en aquellas aplicaciones que se descarga o de que aquellos dispositivos que se compra son de proveedores de confianza (pues no es lo mismo darle los datos a Apple, Google, Amazon o Microsoft, por poner unos ejemplos, que dárselos a una empresa que no tiene ni nombre ni dirección de un país remoto) y, en segundo lugar, puede (antes de aceptar las condiciones cerciorarse y saber a ciencia cierta a quien está facilitando sus datos, como serán tratados y que uso se hará de los mismos.

Existe una cierta mitología popular alrededor de los datos personales y de la privacidad y parece que siempre haya una mano negra detrás de toda empresa, o siempre haya el gran malvado que quiere robar esos datos y hacer un mal uso de ellos, y ello para nada no se ajusta a la realidad. Pues, por mucho que se diga, y aunque muchas de las empresas los puedan querer para fines publicitarios u otros, no existe una maldad ni un mal uso, ni malas intenciones detrás de la recopilación y uso de los datos.

Pero, dicho lo anterior, nada de ello quita ni debe quitar que un control debe de existir en relación a la privacidad en general y a los datos personales en particular y, muy especialmente, cuando ello se refiere a datos personales que tratan sobre el ámbito de la salud.

Una vez más los poderes públicos van detrás de las evoluciones tecnológicas y, si bien se van adaptando a los tiempos, aún no se ha establecido una auténtica legislación, una auténtica y completa regulación eficaz y con sentido que permita que los datos de los ciudadanos y ciudadanas estén a saldo.

Sin duda alguna, el tiempo apremia y la eclosión definitiva inminente del IoT (Internet de las Cosas) y la expansión también definitiva de los wereables (dispositivos conectados que se llevan incorporados al cuerpo y que la mayoría tratan con datos de nuestra salud) obliga a tomarse muy en serio un tema que ya hace tiempo entre nosotros.