Legítima defensa: todo lo que debes saber

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Ante una agresión sufrida no se tiene el derecho de tomarse uno la justicia por su cuenta en nuestro ordenamiento jurídico ni en el de la mayoría de países occidentales conformados en una democracia basada en el estado de derecho, pero existe una figura jurídica denominada legítima defensa que sí que permite de algún modo el dar respuesta a una agresión que se esté sufriendo.

Técnicamente, la legítima defensa es un término jurídico utilizado en el ámbito del derecho penal. De modo que, en el ámbito penal, la legítima defensa es una herramienta de justificación para que hechos que se produzcan puedan realizarse y que los mismos conlleven una determinada pena, la misma no se aplique por considerar que existe dicho elemento de justificación y que ello exime de la misma.

Legítima defensaLa legítima defensa encuentra su fundamento en el derecho que asiste a la persona que es víctima de una agresión que atenta sobre sus bienes jurídicamente protegidos. Así, por ejemplo, la persona que está siendo víctima de un robo con violencia puede verse amparada por el derecho de uso de la legítima defensa y verse amparada legalmente por ello, no teniendo consecuencias penales por las acciones de entrada ilícitas que su legítima defensa ocasione.

Debe destacarse mucho lo de que una persona “puede verse” amparada en el uso de la legítima defensa y no darlo como una sentencia constante, pues la legítima defensa está muy limitada, ya que no todos los casos justifican la misma y no toda acción ilícita puede conllevar -ni mucho menos- una respuesta ilícita.

La legítima defensa resulta establecida para que aquella persona víctima de una determina agresión pueda repeler la misma. Para ello puede utilizar una acción de naturaleza antijurídica que se pueda considerar justificada por la necesidad de repeler la misma, pero todo ello siempre con todas las reservas y observaciones que correspondan.

Concretamente, la legítima defensa se encuentra establecida en el artículo 20.4 del Código Penal español y para que la misma pueda surtir efecto y ser causa justificante deben de darse tres condiciones principales, a saber:

En primer lugar, resulta obviamente necesario que exista una agresión ilegítima, pues de no existir agresión alguna no podrá existir legítima defensa. Esto puede parecer de Perogrullo, pero es la primera base indispensable para que el uso de la legítima defensa pueda esgrimirse.

Además de existir una agresión ilegítima, para poder esgrimir que ha existido legítima defensa, la respuesta a la misma debe de ser en el momento de la necesidad de defensa y de forma proporcional, es decir, la legítima defensa deberá realizarse en el mismo momento en el que se está intentando repeler o impedir el ataque ilegítimo y, además, deberá utilizarse de una forma mesurada y proporcional. Dicho de otro modo lo último, y aunque este quizá sea el asunto más controvertido por subjetivo, puede estar justificado defenderse legítimamente pero no disparar a alguien que venía desarmado aunque su intención fuese agredirnos.

Y, finalmente, la legítima defensa debe provenir de un ataque ilegítimo que no haya sido provocado suficientemente por el agredido que luego se pretende amparar en el uso de la legítima defensa.