Los contratos prematrimoniales y los poderes a la pareja

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En la actualidad, cuando una pareja decide dar el paso de casarse, afortunadamente, en la gran mayoría de casos es por amor, pero que sea por amor y que las dos partes decidan compartir como mínimo una parte del camino de la vida –y en muchos casos, el resto de sus vidas-, no significa que deban descuidar sus intereses personales y, sobre todo, que no deban pensar aquello que puede suceder sí un día el amor que hoy les une deja de existir.

Un asunto natural

Desgraciadamente, hablar de cuidar de los intereses particulares de cada parte de la pareja parece tener muy mala fama, y por muchas personas resulta incomprensible hablar de aspectos como separación de bienes, y mucho menos les resulta fácil hablar de contratos prematrimoniales y cuestiones por el estilo, y craso error cometen.

Contratos prematrimoniales y poderesCraso error pues plantear casarse en separación de bienes, o incluso hacer un contrato prematrimonial entre los cónyuges no tiene por qué significar un símbolo de desconfianza entre ellos, ni tiene que significar que no exista amor entre los mismos ni nada por el estilo, al contrario, puede suponer un ejercicio de responsabilidad y de querer evitar conflictos en el caso de que por cualquier motivo algún día esa relación llegue a su fin. Ello tampoco significa que se esté pensando en romper la relación antes de empezar, ponerle fecha de caducidad ni nada por el estilo como muchos podrán pensar, pues al contrario también, hacerlo puede suponer un acto de madurez y de responsabilidad ante los avatares o circunstancias que por cualquier motivo nos puede traer. Unos avatares o circunstancias que no por, hoy, indeseados o imprevistos, signifique que mañana no nos puedan suceder.

Luego existe otro tema que si bien diferente, también resulta altamente relacionado, como es el de otorgar poderes a nuestra pareja para que actúe en nuestro nombre sobre los bienes, patrimonios y demás elementos sobre los que se puede otorgar poder, en este caso también debemos poner especial cuidado. Veamos algunas consideraciones respecto a todo ello.

Del contrato prematrimonial al poder

Empezaremos primero por el ámbito del contrato prematrimonial pues a priori ese será el primer documento que dará pie a la formalización de la regulación que marcará las bases de un matrimonio, y luego nos adentraremos en el tema del poder, pues ese tipo de documentos se suelen encontrar más a lo largo de la relación de matrimonio.

Así, empezando por el contrato prematrimonial, diremos que el mismo es aquel documento que dos partes que van a contraer matrimonio deciden plasmar, poniéndolo por escrito, para regular las condiciones que regularán su matrimonio en relación a los propiedades, a los activos de cualquiera de las partes, para que quede claro que sucede con la titularidad de esos bienes, para que queden claras diremos las condiciones económicas antes del matrimonio antes de que el mismo se celebre.

Debe decirse que, según la legislación española, los contratos prematrimoniales serán válidos siempre que los mismos resulten celebrados dentro del año en el que debe celebrarse oficialmente el matrimonio. Para que dicho contrato prematrimonial tenga eficacia deberá ser firmado por ambas partes y deberá ser firmado libremente, en el uso de sus plenas facultades por parte de las mismas, debiendo existir consentimiento entonces, como resulta obvio, de las mismas. No resulta técnicamente imprescindible, pero sí que resulta extremadamente recomendable que dicho contrato se inscriba adecuadamente ante notario.

Otro asunto distinto es el de los poderes, ya que estamos hablando por ejemplo en el caso de una pareja que tiene un negocio en común, un negocio familiar, y para que por ejemplo el marido pueda gestionar el día a día del negocio le dice a la esposa de firmar un poder para que el mismo pueda firmar por ella y realizar otros trámites y gestiones en su nombre. Esto, que, realizado de buena fe, y estrictamente para los fines empresariales que se requieran, no debe revestir ningún problema, ni debe de suponer ningún inconveniente, puede suponer la ruina para quien entrega sus poderes a otra persona, si esta persona añade otros conceptos (o pervierte las funciones encomendadas) y la otra persona los acepta y la primera obra de mala fe.

Obviamente, en matrimonios donde reine el amor y la buena fe, nada de ello tiene que suceder, pero lamentablemente muchos son los casos donde las parejas se van desintegrando, donde deja de reinar el amor, pero las partes por mil y un motivos no deciden dar el paso de divorciarse y de mientras el riesgo es máximo. Así, son por ejemplo los casos, donde el marido (o la mujer, pero normalmente lamentablemente también en nuestro entorno sigue siendo mayoritariamente la parte masculina) tiene un poder a su favor para actuar en nombre de la mujer para los asuntos que atañen a la empresa, y no sólo para la empresa, pues en dicho poder incorporan la capacidad para operar, disponer y hacer lo que les venga en gana con cualquier bien que es común a la pareja, o incluso que no es privativo de una parte de la pareja si la otra presta su consentimiento mediante un poder notarial. Normalmente, estas personas, estos hombres en el caso que aquí se plantean, suelen aprovecharse del desconocimiento de su pareja del funcionamiento de los poderes, y de las consecuencias de los mismos. Y se puede decir sin tapujos que abusan de sus víctimas, abusan de su amor y de la confianza que estás a pesar de todo aún les profesan.

Por supuesto, la recomendación principal es no otorgar poderes que puedan comprometer toda nuestra vida, y si se otorgan poderes que sean muy controlados y que sepamos realmente para que se hacen servir, qué efectos y alcance tienen. Y, por supuesto, debe saberse que firmamos, el alcance de lo que estamos firmando. Si a pesar de todo, hemos firmado y no sabemos que hacer la recomendación es clara y urgente: acudir a un abogado que nos asesore para realizar lo más rápidamente posible una revocación del poder para que quien lo tiene no pueda seguirlo utilizando. Y que nadie nos engañe, en todos los casos, ¡en todos! (excepto en los casos que seamos declarados incapaces mentales o supuestos similares que en ningún caso son los que aquí estamos hablando) un poder, igual que lo otorgamos lo podemos revocar, lo podemos revocar unilateralmente cuando queramos.