No siempre hablamos de estafa

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¿Siempre que alguien por ejemplo se beneficia de un dinero de otra persona que no debería haberse beneficiado es estafa? No, no siempre. Existen distintos tipos de matices que provocan la diferencia entre lo que es una estafa y lo que no lo es.

Obviamente aquí no nos estamos adentrando en otro tipo de delitos como pueden ser el robo, el hurto, la apropiación indebida u otros que puedan derivar de la acción con la que se abría este artículo, aquí estamos hablando de si siempre que coloquialmente a alguien se le acusa de estafa, de si siempre que se dice que alguien “me ha estafado”, de forma técnica a nivel jurídico es o no es así.

La clave está en el engaño

Es importante en lo jurídico entender los matices, pues en muchas ocasiones la percepción vista desde fuera puede parecer que es una estafa, cuando en realidad igual han sido otras muchas cosas que no sean estafa, incluso sin trascendencia penal como por ejemplo incumplimientos de contrato, etc. que no incluyan un hecho delictivo en sí mismo.

Así adentrándonos concretamente en el delito de estafa diremos que según lo que establece el vigente Código Penal en su artículo 248 “cometen estafa los que, con ánimo de lucro, utilizaren engaño bastante para producir error en otro, induciéndole a realizar un acto de disposición en perjuicio propio o ajeno”.

Visto lo anterior ya podemos dilucidar de tal exposición un concepto clave: el de engaño, concepto que articulará el resto del artículo. Y es que es en este vocablo, es en este elemento concreto donde se encuentra la raíz y la esencia de que una acción pueda ser catalogada como estafa o bien entre en otra categoría penal o de otra jurisdicción si aplica.

Dicho de otro modo lo establecido en el párrafo anterior, no basta con que alguien consiga que le demos por ejemplo un dinero y luego no cumpla con lo que nos prometió, para que exista estafa deberá mediar engaño de por medio, y además que el mismo sea suficiente, es decir, que sea claro, que no quede duda de que la acción se ha producido engañándonos con una fuerza de engaño suficiente para que hayamos caído en la trampa.

Puede parecer injusto, y en muchas ocasiones puede que a través de este concepto tan nimio en el escrito pero tan potente en sus consecuencias jurídicas provoque que no se pueda condenar por estafa a alguien que debería resultar penado por ella por no poderse acreditar que en la acción existió engaño suficiente de por medio, pero jurídicamente es así y así debemos entenderlo.

Supuestos de estafa

Además cabe destacar para acabar de visualizar la fortaleza del concepto engaño para que una acción pueda ser considerada estafa en el hecho que podremos ver a continuación, como podremos ver el CP establece e introduce en uno y cada uno de los demás supuestos en los que se será considerados reos de estafa de una forma de otra, de una forma directa o indirecta el concepto engaño en su articulado.

Ello queda patente en el apartado segundo del artículo 248 mencionado del CP donde se dice que también incurrirán en estafa “los que, con ánimo de lucro y valiéndose de alguna manipulación informática o artificio semejante, consigan una transferencia no consentida de cualquier activo patrimonial en perjuicio de otro”, es decir, aquellos que engañen mediante manipulaciones informáticas u otras.

Ello también queda patente en la siguiente mención que el mismo apartado realiza, mención que dice indica que serán condenados por estafa quienes “…fabricaren, introdujeren, poseyeren o facilitaren programas informáticos específicamente destinados a la comisión de las estafas previstas en este artículo” O visto desde un punto más coloquial: será reo de estafa el que engañe mediante la fabricación, introducción, facilitación o incluso posesión dolosa de elementos como los nombrados destinados a engañar.

Y finalmente, ello también resulta notorio en el último supuesto en los que la ley expone quienes incurrirán en estafa. En ese supuesto (art. 248 2c CP) la ley establece como reos de estafa a quienes utilicen tarjetas de crédito o débito, cheques monetarios, también cheques de viaje o los datos que obren en cualquiera de estas y con ellas o estos realicen operaciones que perjudiquen al titular o a un tercero. En este punto vemos que la fuerza del engaño emana de la voluntad de engañar utilizando algo para beneficiarse a sabiendas que no es suyo. Además, en este caso el engaño alcanza también al “tercero” que dice la ley, pues al utilizar estos elementos de forma fraudulenta el reo ya no tan sólo perjudica al titular, sino también puede perjudicar a la entidad emisora de la tarjeta de crédito o la entidad financiera, pues la ha engañado mediante el uso a sabiendas doloso de unos elementos que no le correspondían y puede producirle daños a ella también.

Con este artículo sobre la estafa se ha querido expresar la fuerza del concepto “engaño” para entender la necesidad de que sea éste el que articule una acción contra alguien por estafa, pues la diferencia de poder demostrar o no la existencia de engaño puede depender un desenlace de un juicio o bien un desenlace muy diferente.