Organización general del régimen penitenciario

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Uno de los temas quizá más desconocidos y “tabúes” para la sociedad en general es el del funcionamiento de las cárceles de nuestro país, la organización general del régimen penitenciario. Un tema del que parece no hablarse entre la sociedad, del que existen muchos falsos mitos y en el que parece que se quiera más mirar hacia otro lado que entrar a tratar el fondo del asunto.

Lo que dice la ley y la realidad

Esta poca disposición a hablar abiertamente del tema entre la sociedad no puede resultar más absurdo e incluso contraproducente, máxime cuando existe una importante población reclusa en el país, creciente, y conviene conocer algunos de los aspectos clave para poderlos valorar adecuadamente.

Algunos podrán estar más a favor de que se utilice un sistema penitenciario más “duro” y que no se tenga en tanta consideración a los presos que en las cárceles de nuestro país conviven, otros podrán estar más a favor de todo lo contrario, pero todos ellos harán bien en conocer tanto lo que dice la ley sobre ello como en saber la realidad del día a día de las cárceles españolas.

Y es importante realizar esta diferenciación entre lo que dice en pureza la ley, y lo que se produce en realidad en las cárceles españolas, pues no siempre se puede interpretar que se cumpla estrictamente con el tenor literal, o mejor dicho con el espíritu de lo que emana de cada artículo de la ley.

Atención que aquí no se está diciendo o insinuando que la administración penitenciaria no cumpla con la ley, lo que se dice es que en muchas ocasiones, bien sea por la misma operativa de las cárceles como sobre todo por la masificación de muchas de ellas, el cumplimiento impoluto de lo que dice la ley (en relación a separación de presos, capacidad de celdas, etc.) no es técnicamente posible, por lo que en ocasiones como se verá a continuación, las costuras de la ley, como mínimo, resultan sumamente tensadas.

Lo que dice la Ley Orgánica General Penitenciaria

Entre otros preceptos que puedan resultar de directa o indirecta aplicación u observancia para los asuntos que aquí nos aplican, decir que la LOGP será la ley marco por la que se regula el funcionamiento de las cárceles españolas en relación con sus presos.

Para tratar concretamente sobre los asuntos en los que las costuras de la ley se ven en muchas ocasiones más tensadas, como se indicaba con anterioridad, mencionar por ejemplo lo que establecen los artículos 16 y 19 de la LOGP (entre otras muchas consideraciones y supuestos que se podrán mencionar sobre la organización general del régimen penitenciario).

Así por ejemplo el artículo 16 la LOGPD nos dicta que “cualquiera que sea el centro en el que tenga lugar el ingreso, se procederá, de manera inmediata, a una completa separación, teniendo en cuenta el sexo, emotividad, edad, antecedentes, estado físico y mental y respecto de los penados, las exigencias del tratamiento”. Este es el literal de la ley, una breve visita a cualquier centro penitenciario (especialmente los más masificados) deja claro y patente que tal “completa separación” no siempre se ajusta a la realidad, pues es bien cierto que se aplican medidas de separación por ejemplo entre sexos, pero no siempre esa separación es tal entre distintos tipos de presos (por distintos tipos de delitos, etc.) tal y como manda la ley. No es que no se cumpla la ley, sino que en muchas ocasiones la falta de espacio hace que la ley se cumpla en la medida de lo posible, pues existen las acciones de separación, pero en algunas prisiones existen mayores dificultades para llevar a cabo tal separación y la misma no es efectiva del todo.

Otro claro ejemplo de este tensado de lo que dice la ley lo encontramos en el artículo 19 de la LOGP, así el mismo nos dice que “todos los internos se alojarán en celdas individuales. En caso de insuficiencia temporal de alojamiento o por indicación del médico o de los equipos de observación y tratamiento, se podrá recurrir a dependencias colectivas. En estos casos, los internos serán seleccionados adecuadamente” (art.19.1) y que “tanto las dependencias destinadas al alojamiento nocturno de los recluidos como aquellas en que se desarrolle la vida en común, deberán satisfacer las necesidades de la higiene y estar acondicionadas de manera que el volumen de espacio, ventilación, agua, alumbrado y calefacción se ajuste a las condiciones climáticas de la localidad” (art.19.2).

El literal de la ley en este caso también resulta llevado al límite, pues otra visita a cualquier prisión española (una vez más cabe destacar a las más masificadas) deja claro que la realidad de “celdas individuales” no es tan real (y la habilitación de celdas colectivas por necesidades de espacio temporal hace saltar por los aires el espíritu de la ley cuando esa necesidad temporal se convierte en indefinida y de larga duración en el tiempo), y en realidad pueden convivir varios reclusos en un espacio pensado para uso individual (y casi ni para ello en las prisiones más antiguas), ello nos lleva a considerar también que se tensa el espíritu del art.19.2 cuando queda claro que si el espacio que debería ser habitable por uno es habitado por cuatro, cinco o más reclusos no está suficientemente acondicionado ni por espacio ni por otras necesidades.

Atención que la voluntad de este artículo no es realizar una crítica del presunto mal funcionamiento de algunas facetas de la realidad penitenciaria ni decir que debería ser diferente, puede que no, incluso al contrario, puede que se requiriese de un sistema menos “delicado”, pero no es tarea de este artículo valorarlo; simplemente se trata de dar datos contrastables y reales para compararlos con lo que dice la ley para que después todas las partes interesadas puedan valorar qué falla o qué no falla y si se debería ir hacia un modelo penitenciario u otro, o si el mismo ya está bien como está. Todo esto en aras de realizar un análisis de la organización general del régimen penitenciario.