Peligros que acechan a la red

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En muchas ocasiones se habla de los riesgos y peligros que acechan en la red, que si acoso sexual, que si fraudes bancarios, que si robo de datos que ponen en riesgo la intimidad de las personas o una infinidad de amenazas más que existen y que en este mismo blog se han tratado y tratarán en otros artículos. Pero pocas veces se habla de los riesgos que acechan a la red. Sí, sí, a los riesgos que acechan a la red y no en la red, es en ese matiz entre el “en” y “a” la red donde existe la gran diferencia.

La red está sujeta a grandes riesgos, y muchos de ellos tienen una gran trascendencia legal, una gran trascendencia jurídica. Puede que muchos puedan pensar que hablar de los peligros que acechan a la red es algo absurdo, que lo importante es hablar de los peligros que acechan en la red pero nada más lejos de la realidad: ambas amenazas son sumamente peligrosas.

Las amenazas, peligros y riesgos que acechan a la red lejos de ser algo individual o que afecte a unos pocos nos afecta a todos y pone en riesgo el desarrollo económico de una sociedad, el desarrollo en global y puede llegar a poner aspectos tan delicados como nuestra propia libertad o nuestro propio bienestar.

peligros que acechan a la redLos riesgos que acechan a la red son múltiples y variados y muchos son los responsables, desde los gobiernos y las corporaciones públicas, hasta las empresas privadas en general y las empresas de Internet y las operadoras de telecomunicaciones en particular, y porque no decirlo, la sociedad en general. Veamos a continuación la responsabilidad de cada una de ellas en lo que en este artículo se trata.

Sin duda, los gobiernos y las instituciones públicas en general suponen una de las principales amenazas para la red. La red nació con una voluntad de ser libre y neutra, y el obsesivo control de muchas administraciones públicas por controlar lo que sucede y los contenidos de la red es una de las principales amenazas, pues puede dar lugar a una Web con cepo, a una Web capada, a una Web con recorte de libertades.

Cierto es que los peligros que acechan a través de la red, algunos de extremadamente graves y peligrosos, obligan a tomar acciones y medidas, a emprender decisiones que hagan un mayor control de la red, cierto es que debe encontrarse el encaje perfecto, el binomio de libertad y seguridad debida, pero si bien resulta cierto que este binomio no puede suponer que la seguridad resulte maltrecha, tampoco debería suponer que las libertades queden eliminadas, las libertades deben de ser garantizadas y preservadas, pero sin caer ni en el infantilismo, ni en el “buenísimo”, pero también debe se debe tener presente que en muchas ocasiones el mayor temor que se debe tener es el temor a los poderes públicos, a los poderes del Estado.

Tal y como se decía, las empresas en general y las empresas de telecomunicaciones en particular, así como las empresas de Internet en concreto también tienen una gran parte de responsabilidad de los riesgos que acechan en la red, luchas fratricidas entre muchas de ellas y, sobre todo, el deseo de controlar el flujo de Internet ponen en peligro una piedra angular básica de Internet y ese no es otro que el de la neutralidad en la red y, en este caso, no se está hablando de nada relacionado directamente con la seguridad en Internet ni nada parecido, sino que se está exponiendo el peligro que existe de que por culpa de intereses corporativos se cree un Internet de distintas velocidades. Ello no significa juzgar si es bueno o malo que se pueda pagar por un acceso y recorrido Premium por la red, por acceder a servicios con prioridad, pero ello supone poner en jaque la neutralidad de la red. Ello puede ser bueno o malo, pero a priori es una de las amenazas para Internet como mínimo tal y como lo conocemos en la actualidad.

Y, finalmente, no nos engañemos, la sociedad en general, uno y cada uno de nosotros y nosotras también tiene su porción de responsabilidad: un uso y seguro de la red es la mejor salvaguarda legal y la mejor forma de una navegación y de una sociedad general sin inconvenientes ni sobresaltos.