Cómo preparar una buena defensa legal

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Las mentes del bien pensar seguro que de primeras dirán que con la verdad por delante, que demostrando la inocencia o asumiendo las responsabilidades en caso de saber que no somos inocentes de aquello que se nos acusa, es la forma a la que se debe acudir a los juicios.

Y de buen seguro que esa es una línea a seguir y que supone una línea muy moral y ética. Lo que sucede es que, en la realidad, a un abogado defensor no le pagan por hacer asumir las responsabilidades a su cliente. A un abogado de la defensa le pagan por ganar y ganar significa lograr la absolución o en caso de que ello no sea posible en lograr que la pena sea lo menor posible.

Atención que, decir lo anterior, no significa hacer un alegato ni mucho menos a que el abogado deba mentir, no significa decir, por supuesto, que se deba cometer ninguna ilegalidad, lo que se está diciendo es que los discursos “buenistas” de la moral y la justicia están muy bien, y no se trata de ser inmoral ni injusto, lo que se está diciendo es que sin faltar a la verdad se puede explicar la verdad de muchas maneras, se puede construir un caso para que nuestros clientes consiga la mejor solución posible.

preparar tu defensaPor supuesto, evidentemente el escenario ideal es aquel caso en el que el asunto está muy nítido, el encausado expone la verdad del mismo y desde ese mismo momento ya se intuyen las consecuencias que puede derivar. Pero mal hará un buen abogado si sólo se conforma con la verdad de su cliente, la verdad puede tener muchas caras y su función es encontrar y mostrar la cara más favorable a su cliente.

Obviamente, en algunos casos, lo más recomendable puede ser que la línea argumental que se escoja, que la línea de defensa que se siga sea pura y estrictamente la de mostrar la verdad en crudo, asumiéndola y persiguiendo así la menor condena posible, pues resulta claro ya de entrada que condena existir existirá. En estos casos, la función es perseguir el menor daño posible al cliente pero siendo realistas y haciéndole ver al cliente que el menor daño pasa por asumir algún tipo de daño y que de lo contrario el riesgo, o la certeza, de sufrir paradójicamente seguro un daño mayor está casi asegurado.

Pero no todos los casos son así, en la mayoría de ocasiones existen matices, existen diferencias e incluso existen distintas formas de articular la verdad que pueden ser de una gran ayuda para la defensa del cliente y es allí donde se encuentra la gran diferencia entre un abogado y otro.

El abogado “mecánico”, el abogado que simplemente se sirve de un estilo estándar y burocrático puede estar bien y es ideal para algún tipo de casos que demandan este tipo de perfil pero, sin ningún tipo de duda, para los casos donde existe controversia, donde existe disputa y donde existe enfrentamiento el perfil necesario será todo el contrario.

La defensa tiene que articularse en base a una verdad, obviamente, pero no a cualquier verdad y de buen seguro que cualquier profesional que se precie será capaz de encontrar aquellos puntos, aquellos elementos concretos y esenciales para lograr dar la vuelta a una situación que se encuentre complicada. Y es en este tipo de abogado capaz de argumentar donde casi no exista argumento, donde sea capaz de tirar del hilo donde la bobina ya esté casi terminada y que sea capaz de disfrazar una verdad sin por ello faltar a la verdad donde se encontrará el auténtico valor de un abogado.

Cabe reiterar que donde muchos verán una inmoralidad o una injusticia lo que realmente hay es una estrategia pensada y planteada para lograr los mejores resultados al cliente al que se defiende y representa. Por supuesto, ello no tiene que significar que ni el abogado defensor cree aquello que defiende ni mucho menos que lo apoye, simplemente se trata de defender los intereses de quien le paga.

Del mismo modo que cualquier profesional hace el servicio según le pide el cliente aunque personalmente a él no le guste siempre que ello no resulte en incurrir en ninguna ilegalidad el caso de los abogados no es diferente.