Pruebas deportivas y marchas ciclistas en la carretera

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Resulta muy común, especialmente en los días festivos, que por las carreteras de nuestros pueblos y ciudades se organicen distintos tipos de pruebas deportivas y marchas ciclistas. Ello que tiene distintas connotaciones y puntos desde los que poder analizarlo tiene uno de muy relevante que conviene conocer, ese es el de su regulación por parte del Reglamento General de Circulación.

La importancia de conocerlo

Tratar sobre este aspecto concreto puede parecer baladí, pero para nada lo es si cogemos una simple estadística de la cantidad de eventos y marchas ciclistas que se organizan en nuestro país cada fin de semana. Así, este tema resulta muy interesante tratarlo desde este ángulo y nos puede resultar muy útil si por ejemplo por cualquier motivo nos estamos planteando organizar cualquier evento o marcha de este tipo.

La legislación de las pruebas deportivas y las carreras ciclistasEn relación a ello, y sin perjuicio de otras normas, regulaciones y demás preceptos que puedan aplicar e incidir directa e indirectamente en la organización de eventos, pruebas deportivas y marchas ciclistas en la carretera, diremos que lo relacionado con su implicación en la red viaria lo encontramos básicamente regulado en el Real Decreto 1428/2003, de 21 de noviembre, por el que se aprueba el Reglamento General de Circulación para la aplicación y desarrollo del texto articulado de la Ley sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial, aprobado por el Real Decreto Legislativo 339/1990, de 2 de marzo.

Destacar que este Reglamento General de Circulación versa específicamente sobre este asunto entre los artículos 1 y 33 (ambos inclusive) del anexo segundo del mismo.

Consideraciones específicas

En primer lugar diremos que en lo que se refiere a aquello que regula tan reglamento, es decir al objeto del mismo en este asunto, diremos que el mismo establece al respecto que “esta normativa tiene por objeto establecer una regulación de la utilización de la vía para la realización de pruebas deportivas competitivas organizadas” (art.1) para el caso de los eventos deportivos en general y que “esta normativa tiene por objeto establecer una regulación de las marchas ciclistas organizadas, concebidas como un ejercicio físico con fines deportivos, turísticos o culturales” (art.15.1) para el caso de las marchas ciclistas en particular.

A colación con lo anterior también resulta muy interesante de destacar aquello que la normativa aquí analizada considera concretamente como marcha ciclista. Ello, la misma lo define en su artículo 15.2, artículo donde dicta que “se entenderá por marchas ciclistas organizadas aquellas actividades de más de 50 ciclistas”.

Un punto vital respecto a este asunto lo encontramos en la obligación de solicitar permiso, autorización a las autoridades competentes para poder realizar este tipo de eventos deportivos en general y marchas ciclistas en particular por las carreteras de nuestro país. Ello lo encontramos reflejado en el artículo y se refrenda en el artículo 17 donde se indica que “las marchas ciclistas organizadas deberán cumplimentar los requisitos administrativos indicados…”.

También cabe decir que para organizar este tipo de eventos no basta con tan solo comunicar la voluntad de realizarlos, no basta con comunicarlo, se debe obtener la correspondiente autorización y cumplir con toda una serie de requisitos que nos habiliten al respecto.

Dicho de otro modo lo anterior, no basta con querer hacer la prueba deportiva y comunicar que la vamos a hacer, sino que de tal comunicación debe surgir una autorización que nos permita realizar el evento deportivo en cuestión y para que nos concedan esa autorización deberemos haber cumplido requisitos concretos de forma y de fondo que garanticen la seguridad de la prueba, el normal desarrollo de la misma, la influencia en otros usuarios de la carretera ajenos a la prueba, entre otros muchos aspectos.

Así, y en relación a los requisitos que la normativa impone para poder obtener autorización para realizar en vía pública un evento deportivo en general o una marcha ciclista en particular, diremos por ejemplo que la misma impone de que “todos los participantes en una prueba deportiva, con las excepciones previstas en este reglamento, están obligados al cumplimiento de las normas particulares del reglamento de la prueba y a las que en un momento determinado establezca o adopte, por seguridad, el responsable de la prueba o la autoridad competente, no obstante estar eximidos del cumplimiento de las normas generales de circulación” (art.6.1).

Entre otros muchos de los requisitos que la normativa impone, resulta muy destacable por ejemplo el requisito de que la organización disponga “…de vehículos de apoyo suficientes, banderines y medios adecuados para la señalización del recorrido, tanto por lo que respecta a los participantes como al resto de usuarios de la vía, así como de los servicios necesarios para retirar la señalización al terminar la actividad, y desperdicios que ocasionen los avituallamientos, dejando la vía y sus alrededores en el mismo estado que antes de su celebración” (art.7).

Por supuesto, uno de los temas más delicados es el de la seguridad, ello tiene distintas raíces y por ejemplo es extremadamente reseñable aquello que indica el artículo 9.1, artículo que nos dice que “todas las pruebas irán precedidas por un agente de la autoridad con una bandera roja y finalizadas por otro con una bandera verde, las cuales acotarán para los participantes y el resto de usuarios de la vía el inicio y fin del espacio ocupado para la prueba. Estará prohibida la circulación de vehículos en el espacio comprendido entre la bandera roja y la verde, excepto los vehículos autorizados expresamente y con la autorización situada en lugar visible”.

Finalmente decir que por supuesto también la seguridad va relacionada con la disponibilidad de servicios sanitarios que puedan actuar ante cualquier emergencia o necesidad sanitaria. Ello se encuentra especialmente recogido en el artículo 10.1 y 10.2 de la norma, donde respectivamente se dicta que “la organización dispondrá la existencia durante la celebración de la actividad de la presencia obligatoria, como mínimo, de una ambulancia y de un médico para la asistencia de todos los participantes, sin perjuicio de su ampliación con más personal sanitario en la medida que se estime necesario” y que “en las pruebas cuya participación supere los 750 deportistas, se contará con un mínimo de dos médicos, dos socorristas y dos ambulancias, y deberá añadirse, como mínimo, una ambulancia y un médico por cada fracción suplementaria de 1.000 participantes”.