¿Qué ocurre si no vas a la mesa electoral?

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Cuando llegan elecciones todas las personas con derecho a voto son llamadas a las urnas y además un buen número de ciudadanas y ciudadanos son llamados a formar parte de las mesas electorales que permitirán constituir esas urnas y hacer que la jornada electoral se pueda desarrollar.

Para muchas personas, ser llamadas a formar parte de una mesa electoral puede resultar algo atractivo o cuando menos curioso pero, para muchas otras, puede llegar a ser algo molesto, pero estas últimas deben saber que no comparecer a la citación puede llevar a acarrear penas incluso de prisión.

Puede decirse que cuando una persona es citada a una mesa electoral es citada a algo que debe cumplir por deber ciudadano, pero además debe cumplir porque es legalmente obligatorio y no hacerlo puede hacer incurrir en un delito electoral de graves consecuencias.

Así, buen puede decirse que acudir a una mesa electoral o no acudir, en la calidad en la que uno haya sido citado (presidente, vocal o suplente) no es algo optativo o que una persona puede tomarse a la ligera, pues de no acudir estará infringiendo la ley y las penas, no son precisamente leves.

Qué ocurre si no vas a la mesa electoral

Una persona que deje de acudir a la mesa electoral a la cual haya sido citado puede ser juzgado por un delito electoral que puede ser condenado con penas que pueden alcanzar el año de cárcel o multas de hasta 24 meses por una cuantía que puede llegar a ser de hasta 7200€. Estas son las penas máximas, pero no debemos tener menos presente que las mínimas tampoco son pequeñas en relación al delito que se comete: 3 meses de cárcel o multa de 6 meses por una cuantía mínima de 360€.

Entonces, ¿todo el mundo que resulta citado a una mesa electoral debe comparecer ante la misma sí o sí? Por definición podría decirse que sí, pues es una obligación que emana de la voluntad del legislador de establecer que para el buen funcionamiento democrático el acudir a las urnas es un derecho pero participar en las mismas es un deber ciudadano.

Así, la coerción que se establece por no acudir viene por un lado a intentar evitar que la buena marcha de un determinado sistema no pueda producirse por deserción masiva de aquellos que deben acudir, y en segundo lugar pretende inculcar el valor del deber ciudadano. Estos conceptos -que serían debatibles y discutibles para muchas personas- pueden ser aceptados o criticados, pero actualmente son los que son y a ellos debemos atenernos.

Ahora bien, que por defecto debamos acudir a la llamada de nuestras obligaciones como ciudadanos de un sistema democrático no equivale a que no existan condicionantes que puedan eximirnos de acudir. Dicho de otro modo, la ley ya prevé unos eximentes para que en el caso de ser citados y por causas demostrables (billetes de viaje ya comprados, enfermedad y otras circunstancias) no se pueda asistir podrá quedarse librado de la obligación de participar en la mesa electoral de la “fiesta de la democracia”.