Regulación del Rey y la Casa Real

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La figura del Rey de España y de la Casa Real española son figuras reguladas por el ordenamiento jurídico español en su Carta Magna. Así, tanto el Rey como la Casa Real se encuentran regulados por aquello que establece la Constitución Española, sin perjuicio de otros preceptos legales que directa o indirectamente puedan atañer o atañan a la figura del Rey, de la Casa Real, de sus funciones o de otros aspectos de los que las mismas puedan tratar.

 La Constitución Española, el Rey y la Casa Real

En este artículo vamos a centrarnos únicamente en aquello referente a lo que establece la Constitución Española en relación con el Rey y la Casa Real, pues lo en ella establecido vendría ser la base esencial para entender estas figuras tan de actualidad, por distintos motivos, en estos momentos de nuestra historia.

Así, lo primero que debe decirse es que la Constitución Española encuadra la regulación del Rey de la Casa Real en el apartado destinado a La Corona, eso es en el título segundo de la Carta Magna, o dicho de otro modo, a partir de su artículo 56.

Lo primero que la Constitución Española establece al respecto es que “el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes” (art. 56.1 CE), con este artículo la Constitución Española enmarca quién es el Rey y el papel que representa el Rey en España.

Otro de los puntos sumamente relacionados con la figura del Rey es su inviolabilidad y su ausencia de responsabilidad legal mientras es Rey, este aspecto ha traído mucho debate en los últimos tiempos y viene directamente relacionado, tiene imbricación directa con lo que la Constitución Española establece en su artículo 56.3, artículo que concretamente refleja que “la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad…”.

El Rey y la Casa Real EspañolaDe los herederos del Rey y otros asuntos

La figura del Rey y la Casa Real también cuenta con muchos otros aspectos dentro de la Carta Magna más allá de los anteriormente vistos. Así, es por ejemplo muy interesante (también por el momento histórico que recientemente hemos vivido) aquello que refleja el artículo “la Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos” (art. 57.1 CE).

Este punto anterior, como puede comprobarse es el que contiene un aspecto que ha traído mucho debate y discusión pública, pues si nos fijamos en el mismo podemos ver claramente que es este artículo el que otorga prevalencia del hombre respecto a la mujer para asumir la función hereditaria, ello queda claro cuando establece que “siendo preferida siempre…el varón a la mujer,…”, sin duda un aspecto polémico, anacrónico para muchos y que todo apunta a que en breve debe (y debería si se permite una pequeña licencia valorativa de quien firma) tener fecha de caducidad.

Otro aspecto que en la reciente sucesión real vivida en España no ha tenido impacto, pero que años atrás parecía que podía tenerlo y fue auténtico tema de Estado y portada en la mayoría de prensa rosa del país, es aquello relacionado con el punto 57.4 CE, concretamente para aquello que resulta establecido de que “aquellas personas que teniendo derecho a la sucesión en el trono contrajeren matrimonio contra la expresa prohibición del Rey y de las Cortes Generales, quedarán excluidas en la sucesión a la Corona por sí y sus descendientes”. Este aspecto, que finalmente viendo como ha transcurrido la historia reciente del heredero de la Corona, ahora Rey no ha adquirido, pudo tener mucha trascendencia hace unas dos décadas más o menos, y la podría tener aún en otros países donde en sus regulaciones monárquicas existiesen o existan tales preceptos.

Otro asunto que también, meses atrás, adquirió relevancia era qué sucedía si un Rey español no abdica pero el mismo resulta incapaz de seguir ejerciendo su función. Este aspecto, que tampoco se llegó a producir también resulta regulado por la Constitución Española, concretamente la misma establece que “Si el Rey se inhabilitare para el ejercicio de su autoridad y la imposibilidad fuere reconocida por las Cortes Generales, entrará a ejercer inmediatamente la Regencia el Príncipe heredero de la Corona, si fuere mayor de edad. Si no lo fuere, se procederá de la manera prevista en el apartado anterior, hasta que el Príncipe heredero alcance la mayoría de edad” (art. 59.2 CE).

Y ¿qué dice la Constitución Española sobre el supuesto que marca el anterior artículo 59.2 de si la figura heredera no fuese en el momento de la inhabilidad real se produjere? Pues la misma establece en su punto 59.1 que en ese supuesto “cuando el Rey fuere menor de edad, el padre o la madre del Rey y, en su defecto, el pariente mayor de edad más próximo a suceder en la Corona, según el orden establecido en la Constitución, entrará a ejercer inmediatamente la Regencia y la ejercerá durante el tiempo de la minoría de edad del Rey”.

Finalmente, y en relación a las funciones concretas del Rey que la Constitución Española le otorga, decir que esta establece que son funciones del Rey (art. 62 CE): ) Sancionar y promulgar las leyes, convocar y disolver las Cortes Generales y convocar elecciones en los términos previstos en la Constitución, convocar a referéndum en los casos previstos en la Constitución, proponer el candidato a Presidente del Gobierno y, en su caso, nombrarlo, así como poner fin a sus funciones en los términos previstos en la Constitución, nombrar y separar a los miembros del Gobierno, a propuesta de su Presidente, expedir los decretos acordados en el Consejo de Ministros, conferir los empleos civiles y militares y conceder honores y distinciones con arreglo a las leyes, ser informado de los asuntos de Estado y presidir, a estos efectos, las sesiones del Consejo de Ministros, cuando lo estime oportuno, a petición del Presidente del Gobierno, ejercer de mando supremo de las Fuerzas Armadas, ejercer el derecho de gracia con arreglo a la ley, que no podrá autorizar indultos generales y ostentar el Alto Patronazgo de las Reales Academia.