Se publica en el BOE la ley 14/2013, de 27 de septiembre, de apoyo a los emprendedores y su internacionalización

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En su preámbulo, esgrime la terrible situación que vive España, que “viene atravesando una grave y larga crisis económica con agudas consecuencias sociales” como por ejemplo el drama del desempleo (siendo muy preocupante la alta tasa de desempleo juvenil), habiendo registrado el número de “empresarios de 15 a 39 años una caída de más del 30 por ciento desde 2007 a 2012”.

La Ley se justifica en esta situación, puesto que el país requiere de una urgente reactivación del tejido empresarial y la economía general, la segunda fruto en gran medida de la primera.

No se pretende llevar a cabo un impulso exclusivamente coyuntural, sino que hay que llegar a tratar en general los “problemas estructurales del entorno empresarial en España, buscando fortalecer el tejido empresarial de forma duradera”.

Se acude a la importancia de un Sistema Educativo que avale un cambio de mentalidad más enfocado hacia la actividad empresarial y la asunción de riesgos por parte de la ciudadanía.

Se reconoce en la Ley la necesidad que tiene España de llevar a cabo unas políticas de apoyo al emprendimiento mucho más eficaces, con iniciativas públicas encaminadas a informar y formar, asesorar, fomentar e impulsar la cultura emprendedora, llegando incluso a “utilizar” servicios privados, articulando un sistema de ayudas a través de esquemas de colaboración. Dentro de las líneas a mejorar, se encuentra también todo lo referente a la innovación, desarrollo e investigación (que se reconocen mejorables en la Ley). Existen importantes tecnologías al servicio de la información y comunicación, vertientes estas esenciales para el desarrollo y competitividad de cualquier país. Se debe realizar un esfuerzo en este sentido, abogando nuevamente por la inclusión del sector privado en un marco adecuado de colaboración.

Dar un impulso a las ayudas del sector bancario a las empresas es otro aspecto fundamental para la reactivación y reordenación del sector empresarial español, siendo estas inyecciones de capital observadas como un aspecto vital para las empresas.

Miraremos también a los mercados internacionales, necesarios en una sociedad globalizada para mejorar el crecimiento del sector en nuestro país.

Esta Ley pretende fomentar la internacionalización de las empresas bajo consideraciones tales como la mayor productividad, el acceso a la financiación, el crecimiento y creación de empleo y demás factores positivos que observamos en empresas internacionalizadas. Esto requiere a su vez una nueva visión del sector de la inmigración, relevado hasta este momento a la política de inmigración laboral, que tendrá que ampliarse para abarcar nuevas perspectivas.

Si está pensando en montar su propia empresa, no olvide informarse bien sobre la legislación vigente. Esta Ley está estructurada en seis títulos (incluido uno preliminar), 16 disposiciones adicionales, 1 transitoria, 1 derogatoria y 13 disposiciones finales.