Tipos de ineficacia de un contrato

0
3108

Muchas personas pueden creer que una vez se firma un contrato, ambas partes quedan ligadas al mismo sin posibilidad de que el mismo pierda su validez y puedan dejar de cumplir con aquello que se han comprometido, y aunque a rasgos generales suele ser así, hay que señalar que existen determinados supuestos que pueden provocar que el contrato firmado no tenga ninguna validez, lo que se conoce como ineficacia de un contrato.

Y es que cuando se habla o se hace referencia a la ineficacia de contrato se está hablando de cuando el contrato no llega a desplegar sus efectos a los que estaba destinado. Es evidente que los contratos, una vez firmados, están para cumplirlos a través de su firma, ya que de lo contrario todo el mundo incumpliría con lo acordado y se producirían infinidad de conflictos entre las partes.

Pero, ¿en qué casos existe ineficacia de contrato? ¿Cuándo un contrato deja de tener validez? Puede decirse que existen principalmente dos grandes grupos en este aspecto: la ineficacia y la invalidez.

Por un lado, en el caso de hablar de la invalidez se destaca que se habla de aquel que se encuentra afectado por la existencia de los elementos esenciales del contrato que no resultan de ningún modo admisibles para el ordenamiento jurídico. Dentro de este grupo se pueden recoger diferentes situaciones de diferente gravedad como la inexistencia, la nulidad (contratos nulos) o bien la anulabilidad (contratos que se pueden anular debido a diferentes causas como violencia, dolo, intimidación o error).

ineficacia de un contratoLa nulidad del contrato se presenta como la sanción de mayor relevancia que se puede imponer a un acuerdo firmado por dos partes, y las causas más comunes o significativas por las que puede darse este supuesto son ilicitud de alguno de sus elementos, falta de alguno de los elementos esenciales, y vulneración de los límites que el art. 1255 CC.

Sin embargo, la anulabilidad del contrato es un tipo de ineficacia contractual que dependerá principalmente del ejercicio de la acción que corresponda por parte de la persona legitimada para ello. La consecuencia principal que conlleva tanto la nulidad como anulabilidad de un contrato es el efecto recuperatorio, o lo que es lo mismo, lo que se conoce como la restitución recíproca del objeto del contrato. En el caso de que se haya perdido deberá entregarse su valor en el momento en que se perdió. Ambas partes tendrán que entregar los frutos y los intereses del precio.

Por otro lado, en el caso de hablar de la ineficacia del contrato se incluyen todos aquellos casos o supuestos en los que existen ciertos defectos extrínsecos al contrato que en un principio resultaba válido, aunque también se recogen otros supuestos o situaciones que en mayor o menor medida pueden plantearse ante una relación contractual como pueden ser la rescisión, la denuncia, la revocación, la renuncia, el desistimiento unilateral, la disolución, el mutuo disenso o la resolución.

En otras palabras, cuando ambas partes firman un contrato, ambas partes están sujetas a lo que han firmado hasta la finalización del mismo, en el caso de que el mismo tenga fecha de finalización, pero no siempre es así, ya que son múltiples los supuestos que se pueden dar, supuestos que evidentemente se presentan como una situación rara o poco común, una situación que no cumpla con la ley, o una situación que elimine la plena validez del mismo, por lo que hay ser conscientes que a la hora de firmar un contrato hay que dejar todos los cabos bien atados y hacerlo siempre dentro del marco legal para que el mismo tenga plena validez.

Cuando un contrato adolece algún elemento, está en contra de la norma vigente o bien se encuentra viciado, se puede proclamar la nulidad o anulidad del mismo. Merece la pena hacer mención a la inoponibilidad de la ineficacia del contrato, o lo que es lo mismo, que dicha ineficacia del contrato no se podrá hacer valer frente al que no ha sido parte en el contrato de que se trata.

Tal y como se puede comprobar un contrato siempre es de obligado cumplimiento. Bien, ¿siempre? Técnicamente no, pues queda demostrado que hay supuestos en los que cualquier contrato puede perder por completo o parcialmente su eficacia.