Uber como paradigma

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Uber, esta famosa aplicación para móviles (entre otras muchas aplicaciones y usos, especialmente en los USA, donde la más que valorada millonaria compañía que se encuentra detrás de la polémica app es un imperio empresarial con múltiples tentáculos) que permite poner en contacto pasajeros interesados en que les trasladen en coche con conductores dispuestos a hacerlo, ha puesto en pie al sector del taxi tradicional en muchas ciudades y países del mundo, pero más allá de ello, Uber se nos presenta como paradigma legal de muchas cosas. Veámoslo.

Tiempos de cambios

En este artículo vamos a buscar más preguntas que respuestas, vamos a invitar más al debate que a aportar una particular opinión, pues dependerá del prisma de quien este artículo lea darle un tipo de lectura u otra, pero ello no quita que sea importante hacer unas reflexiones particulares y sin duda mencionar un hecho irrefutable: son momentos de cambio en el mundo entero, ¿se deben acotar esos cambios en aras de salvaguardar negocios tradicionales limitando el libre crecimiento de nuevos modelos de negocio? ¿Estos negocios tradicionales pueden, defendiendo sus únicos intereses, imponer sus normas y limitar la libertad de los usuarios y la aparición de nuevos negocios? Los que se quejan de negocios como Uber, ¿utilizan su situación de fuerza para chantajear a las autoridades para mantener las leyes como corsé? O por el contrario, ¿se trata de circunscribir y cerrar convenientemente un tema que incluye aspectos tan sensibles como las garantías y la seguridad de los usuarios de este tipo de transportes? Juzguen ustedes mismos.

Uber aplicación transporte cochesSon muchas las ciudades y países del mundo que están limitando o prohibiendo el uso de Uber en sus territorios. Dichas prohibiciones se basan en el hecho de que el servicio de transporte de pasajeros en coche por las ciudades en las que operan es exclusividad de los taxis oficiales, y en todo caso de otro tipo de vehículos habilitados, y que hacerlo persona a persona digamos a través de una app que intermedia cualquier otra participación cuando menos es competencia desleal para el sector del taxi, así como que supone un riesgo para los pasajeros (por ausencia de seguros de responsabilidad, control en la calidad y seguridad de quien presta el servicio), a la vez que supone un fomento del auge de la economía sumergida máxime si dichos traslados se realizan sin declarar al fisco, no se cotiza por la actividad profesional que se desarrolla y conceptos por el estilo; pero ¿realmente es así? ¿Realmente nos encontramos ante un monstruo ilegal que solo pretende cometer ilegalidades aprovechándose de las nuevas tecnologías?, o bien, ¿nos encontramos en medio de algo mucho más profundo, de un cambio mucho más trascendente?

Las puertas al campo en versión moderna

Como se ha dicho con anterioridad este artículo está más planteado para destacar las preguntas y que luego sea el lector quien dé las respuestas que no para dar las respuestas en sí, pero como se ha dicho también cabe hacer una importante aproximación al tema para contextualizarlo adecuadamente.

Dicho lo anterior del modo que se ha dicho podríamos concluir que Uber (analizado como paradigma legal en general) se salta la ley. Entonces, ¿debe de ser eliminado sin más, perseguido?, ¿está nuestro modelo social y laboral configurado de tal forma que no encajan estas nuevas formas empresariales? ¿Resultan más un perjuicio que un beneficio social este tipo de iniciativas novedosas que hacen saltar por los aires lo negocios tradicionales?, ¿es viable la adaptación a los nuevos tiempos de los colectivos de taxistas?, ¿una adaptación que evite la pérdida de estabilidad laboral y los perjudique gravemente?; por otro lado, en Uber, ¿no se encuentra realmente una nueva forma de hacer negocios, una nueva transformación de muchos sectores? ¿Son las leyes las que deben hacer que estos nuevos modelos de negocio encuentren acomodo y no perseguirlos porque sí?

Se dice que Uber incurre en competencia desleal, ¿quién lo dice? Lo dice precisamente el monopolio de un sector (el del taxi) que durante muchos años se ha aprovechado de su posición de dominio para imponer sus normas al mercado. ¿Por qué no pueden aparecer nuevos actores en el mercado ni nuevas formas de transporte? Hace cien años el taxi, tal como lo entendíamos hoy en día, ni se podía imaginar, y de buen seguro que la persona que arrastraba los caballos, las carrozas o los que fuere que transportaban a las personas (si es que se puede decir que ello fuese algo aproximado al taxi) cuando aparecieron servicios de taxi, más al uso convencional que hoy entendemos, vieron una amenaza; y eso ha seguido ocurriendo así, sucesivamente, hasta hoy. Y si hoy sucediese que ha llegado el momento de que el taxi como lo entendemos actualmente desapareciese para siempre, ¿que sucedería? Muchas voces opinan que simplemente sería una evolución más, nada más, el mundo seguiría igual y el taxi de hoy se debería reconvertir en el taxi de mañana o desaparecer.

En la actualidad, paseamos por la Gran Manzana o por otras ciudades, y podemos ver, cómo infinidad de personas en bicicleta con pequeños asientos se nos ofrecen para transportarnos a modo de taxi. ¿Por qué ello debe estar perseguido? ¿Debe estarlo? ¿Sí? Puede ¿No? También puede. Seguro que son formas de verlo.

La vida, los negocios avanzan, y las economías, los negocios, se transforman y hay que adaptarlos a ellos. Las leyes están para cumplirlas, pero estas deben servir de soporte, de marco a la sociedad a la que sirven, las mismas no deben suponer un corsé ni una limitación. Las leyes no deben de estar planteadas y pensadas para preservar intereses concretos o monopolios, y si las normas o el mundo ha cambiado, las leyes, las normas y los planteamientos deben adaptarse con los cambios.

Desde un prisma liberal, está claro que Uber, y cualquier otra empresa, debe cumplir las normas; eso es obvio, pero, ¿debe resultar indiscutible la posibilidad de hacer negocios libremente y de que cada uno pueda viajar o moverse con el tipo de transporte que desee? Nuevas formas de transporte aparecen y eso no debe suponer una amenaza, existen multitud de países con coches que realizan transportes privados desde hace décadas, luego existen múltiples formas de negocio de todo tipo y todas ellas, deben de ser, o deberían ser complementarias. Existe mercado para todos, cada uno debe de buscar su segmento y situarse en él, reconvertirse en el sector si es necesario y morir si uno no es capaz de adaptarse al nuevo entorno empresarial que se presenta, pero no puede utilizarse la ley para seguir pertrechado en la defensa de personales intereses.

En cualquier negocio la clave está en que exista un servicio que se ofrece y una persona que esté dispuesta a comprarlo o adquirirlo; esa es la base de todo y todo se debe poder ofrecer, del consumidor dependerá qué cabe o no en el mercado. Con garantías de seguridad (existen seguros privados y muchas fórmulas de asegurar los viajes) y cumpliendo con el fisco y demás por supuesto, pero sin que dicho cumplimiento pueda significar poner puertas a un campo que por muchos lo intenten es imposible de combatir. En el corto plazo puede que lo acoten, en el largo plazo resulta imposible hacerlo; en consecuencia, ¿es mejor luchar contra él o hacer que su inevitable entrada resulte ordenada y lo más beneficiosa para todos posible? ¿Es mejor pelearse por destruir al contrario o luchar por reconvertirse y hacerse un hueco y clientes en el negocio de hoy mismo y de mañana?